Micro-actividades ELE (IV): estímulos visuales para…

¿Os toca presentar en clase el vocabulario de los muebles o utensilios de la casa? ¿la descripción de objetos? ¿las acciones cotidianas? Acabo de ver este proyecto y se ha disparado mi imaginación.

Lo normal es que el diseño esté pensado para solucionar un problema (A).

  • La taza donde podemos mojar galletas sin romperlas:
  • El jersey para poder caminar abrazado y calentito:

Pero (B) también podría usarse para hacernos imposibles actos cotidianos como comer:

Posible explotación de (A): se enseñan imágenes de los objetos, se describen, se reparten en la clase en pequeños grupos que trabajan en la campaña de promoción: se le pone nombre a objeto, se graba/redacta/representa un spot a lo teletienda: “¿Cuántas veces le ha pasado que al ir a mojar en el café su galleta preferida ha tenido que romperla…? Eso no volverá a ocurrir con la nueva taza…”

Posible explotación de (B): se enseña una galería con algunos de los objetos ¿qué tienen en común? ¿cuál os gusta más? ¿a quién se los regalaríais? ¿se os ocurre algún otro objeto incómodo?

Imágenes potentes como estas seguro que disparan la curiosidad y las ganas de hablar/escribir/hacer/imaginar/compartir de los estudiantes.

Telenovelas vs Breaking bad en clase de ELE

La primera clase que hago este año con los principiantes en la universidad de Sarajevo ha estado llena de perlas. El programa de la asignatura es super Gramática&traducción, old school a tope, aunque la profesora responsable me deja autonomía en clase para “practicar lo que ella da” en las “horas serias” de clase. Así que como sé que en seguida se aturullarán con el artículo y sus usos y formas, cuándo se pone y cuándo no- cosa que además de compleja para empezar les trae de cabeza porque en su lengua no hay artículos-, para que no odien las clases de español desde el día 0 suelo dedicar la primera hora a hacerles ver lo que ya saben en español, que suele ser mucho más de lo que yo sabía de su lengua y su cultura el primer día que me senté en un aula a aprenderla.

Así que primero me presento; les explico con mil gestos y dibujillos lo que serán mis horas y les pido que escriban. Normalmente no empezaría a escribir hasta que llevásemos unas cuantas semanas, pero aquí no mando yo. Les pido, pues, que escriban 3 nombres de personas “famosas” de España e Hispanoamérica, 3 lugares y 3 comidas y bebidas. Hoy he añadido al combo 3 palabras o frases.

Evidentemente, en la primera cuestión lo que más salen son nombres de futbolistas. Y son nombres estupendos, porque Piqué y Casillas y sirven, por ejemplo, para que se den cuenta de que hay un sonido, /k/, que se escribe de dos formas distintas. Y luego sale, a lo mejor, Garsía Márques, y casi siempre un Servantes. Y así hay excusa para hablar de sesear y cecear, de la ce y la ese. Y Paulo Coelho- y entonces les digo que, oh, sorpresa, es brasileño! y no vale. Inevitables son también los Iglesias, padre e hijo, que también vienen muy bien porque así sale la “qu+e” del niño y la maravillosa jota del primero de la saga, Julio, y no Hulio, como lo suelen escribir. Shakira, Penélope Cruz, etc son también personajes fijos. A veces el más malote menciona al Che Guevara, aunque casi nunca lo saben escribir.

Luego el fútbol sigue haciendo favores al estudiante novato y en el apartado de lugares salen todas las ciudades con equipos españoles en primera división. Y descubren que Barcelona y Valencia empiezan con dos letras distintas pero que representan al mismo fonema. Y así sigue la clase, con los burritos, tortillas, fajitas, tacos, tequila, mojito y sangría de rigor, todo muy aprovechable ortográficamente.

En el último apartado, el de las palabras o frases en español que conocieran, la hegemonía del binomio pasteloso telenovelas/música latina es aplastante: te amo, mi amor, maldita, te extraño, yo soy tu madre, la gente está muy loca… Les he dicho que en “yo soy tu madre” estaba todo lo que iban a ver en el primer semestre: presente, posesivos, vocabulario relacionado con la familia… y que si ya se lo sabían nos podíamos ir. Nos hemos reído todos mucho y eso está muy bien en la primera hora con principiantes.

Hasta ahí todas las primeras clases en casi todos los países en los que he trabajado como profesora de ELE hasta la fecha han sido muy parecidas. Pero hoy me han alegrado el día tres referencias no telenoveleras: alguien ha dicho desde las últimas filas “Luke, yo soy tu padre”. Otro había escrito solo nombres de personas relacionados con la cultura: Borges, Dalí, Frida Kahlo (ya me doy con un canto en los dientes). Y una chica ha dicho “Los pollos hermanos”.  ¡Viva Breaking bad!

A vueltas con la expresión escrita en el aula de lenguas extranjeras

“En realidad, en la vida normal, cuántas cosas escribimos…”

Estoy dándole forma al artículo que recogerá mi participación en el Seminario de formación de profesores de ELE que el Centro de Estudios hispánicos de Sarajevo organizó en abril. Estuve hablando de un asunto que me interesa desde distintas perspectivas, la expresión escrita. En concreto cómo se trabaja esta destreza en el aula de lenguas extranjeras, planteando cuestiones acerca de lo que normalmente se lleva al aula como práctica de “expresión escrita” y enfrentándolo a lo que escribimos (y cómo, por qué, para qué…) fuera del aula.

Creo que las creencias de los profesores en general están estrechamente ligadas a sus experiencias como estudiantes y a su paso por la escuela y que las rutinas de nuestras clases de lengua (la materna sobre todo) en la etapa escolar impregnan nuestra actuación como profesores de lengua para extranjeros.

La frase que abre este post está extraída del trabajo de investigación que Guillermo Gómez (en las redes le conoceréis por su “Profesor en apuros” y su nombre de tuitero @cometa23) presentó como memoria final de máster: “Las creencias de los profesores de ELE acerca de la práctica de la expresión escrita“. Se reproducía la frase en la transcripción de la entrevista con la profesora que se prestó a ser su “conejillo de indias” para el estudio de caso (p. 75). En el trabajo, Guillermo se ocupa de contrastar el sistema de creencias de un profesor de ELE y su práctica en el aula a través de la observación de una clase. Las palabras que he entresacado me chocan. ¿Cuánto escribimos hoy en día? Mi respuesta no puede ser otra: nunca se ha escrito tanto como ahora. Otra cosa es el qué, el cómo, el por qué y el para qué.

Ando, pues, leyendo y releyendo textos sobre la expresión escrita como el de Guillermo para redactar mi artículo. Y también tengo que rescatar las reacciones y las intervenciones de los que participaron en la ponencia. Recuerdo que hubo debate porque algunos de los asistentes se resistían a considerar, por ejemplo, la comunicación de mensajería móvil como un tipo de texto digno de ser trabajados en el aula de ELE e insistían en la importancia del texto “de inspiración” más que la del texto “útil”. Mi postura no es la de desterrar completamete del aula la producción de textos de corte literario o periodístico (sin embargo, las “redacciones” sí deberían estar prohibidas). Lo que creo necesario es que toda actividad debe estar contextualizada y pautada de manera que sea realmente significativa. Y más la práctica de una destreza tan necesaria. De esa forma, tal vez evitemos que el estudiante se sienta estúpido escribiendo textos sin sentido, como yo en mi curso de bosnio de A1 (que terminé abandonando) donde mi profesora me ponía redacciones como esta de la foto, en la que tenía que describir a un personaje de mi país. Mientras hacía los deberes en casa -a regañadientes, pero es que no sabéis cómo se ponía la profes si no llevabas los deberes- pensaba que a mi profesora se le había olvidado explicarnos por qué, para qué, a quién, qué tipo de texto… teníamos que escribir.

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Y para tener más material sobre el que pensar, he montado un pequeño cuestionario que, si has llegado hasta aquí leyendo, seguro que no te cuesta nada contestar (no es necesario ser profesor para contestarlo, basta con haber estudiado alguna vez una lengua extranjera) ¡Gracias!

Los dichosos telefonitos

Hace tiempo, en la prehistoria de este blog, escribí una entrada sobre para qué y cómo usábamos el ordenador las tres personas que vivíamos en mi casa. Coincidíamos, básicamente, en que los tres enviábamos mails. Por lo demás, yo cacharreaba con todas las herramientas web que encontraba, me iniciaba en aquello de las redes sociales, de los agregadores de noticias, marcadores sociales…; mi chico veía videos de youtube una y otra vez, leía la prensa, jugaba a algún juego en red y hablaba por skype; mi hermano básicamente mandaba emails.

Hace menos de un mes nos regalaron unos smartphones. Yo estoy escribiendo esto desde el mío. Mi chico acaba de hablar con su hermano por skype, ha escuchado la retransmisión de un partido de basket de un programa de radio española y ha recibido felicitaciones de cumpleaños por “guasap”. Yo me he bajado mil aplicaciones- además  de las “evidentes” twitter, facebook… y las que vienen de fábrica- para probarlas:  una de dibujo, una de edición de vídeos, un curso de idiomas… Él se ha bajado juegos.

Mi conclusión (muy simplificada, confieso que el juguetito me tiene enganchadilla y que le veo muchas posibilidades, hasta para clase) es que los smartphones nos sirven para lo mismo que ya usábamos el ordenador, lo que ha cambiado es que el telefonillo pesa y abulta menos. Que lo llevamos encima y estamos constantemente conectados (y probablemente eso sea lo mejor y, a la vez, lo peor). Que subir una foto o un video es más fácil e inmediato. Que el teclado del móvil es más enano y por eso se cuelan más letras fuera de sitio (perdón por lo mal escrito que quede este texto).

Y por último y no por ello menos importante, podemos también hablar por teléfono.

En el V seminario de formación de profesores de español organizado por el CEH Sarajevo

Los chicos del Centro de Estudios Hispánicos de Sarajevo llevan ya varios años montando unas jornadas de formación para profesores de ELE. El último se ha celebrado este fin de semana. Han sido un par de días intensos, porque participar en estas jornadas significa ir a las sesiones que componen el programa, pero también supone conocer a un montón de gente, intercambiar ideas, charlar, tomarse unas cervecitas, comer, pasear por la ciudad, discutir… Siempre he pensado que en este tipo de encuentros tan importante es el programa oficial como el off.

Ha sido una experiencia curiosa por la heterogeneidad de los participantes: profesores de ELE de diversos ámbitos, nativos y no nativos, y que ejercemos en países distintos: Bosnia-Herzegovina, pero también Croacia, Albania ¡y hasta Canadá!; profesores de otras lenguas; hispanohablantes de otros ámbitos que están por aquí a los que les interesa el tema; algunos estudiantes universitarios atraídos por la didáctica de las lenguas extranjeras; estudiantes de español de niveles avanzados que tal vez piensan “nunca se sabe… ¿y si llega un día en el que me dedico a dar clases de ELE?” y que además así aprovechaban para conocer a otros hispanohablantes de la región.

Una de las asistentes me comentó que le había gustado especialmente porque todo le había parecido muy prático y “llevable” a la clase. Y es verdad, todos los ponentes partíamos de nuestras experiencias en el aula y comentábamos los aciertos y los obstáculos de nuestra propuestas, escuchábamos cómo mejorarlas, añadíamos las sugerencias de los otros…

Yo estuve hablando de un asunto que me interesa desde hace tiempo y que he comentado por aquí en otras ocasiones: cómo trabajamos la expresión escrita en el aula. En el fondo lo que me pregunto es cómo hacer que el aprendizaje de lenguas sea verdaderamente significativo para el alumno. Me monté un prezi para ilustrar y provocar la reflexión sobre el tema, imperfecto e incompleto, sobre todo sin todo lo que se contó y discutió durante el taller, que os dejo aquí.

Como siempre en estas jornadas de presentación nos extendemos mucho en explicar nuestros puntos de partida y nuestro marco teórico y como calculamos (yo por lo menos) muy mal el tiempo, la parte interesante, la de trabajar entre todos, la de escuchar lo que los demás opinan o entienden, la de intercambiar ideas, siempre se queda corta. Menos mal que siempre se sigue charlando con los más interesados, picando algo, fumando entre sesiones (yo ya no!) o vaso o botella en mano!

En twitter hay algunas impresiones de la sesión del sábado que hicieron algunos compañeros y desde la propia cuenta del @CEHsarajevo en directo usando estas etiquetas  . (El domingo no había wifi).

La más lenta y el más listo

(Escribo esto justo al salir de la clase. Son sólo impresiones pero las dejo aquí por si sirven para pensar otras cosas)

Hoy había sólo dos alumnos. Se había corrido la voz de que una profesora no iba a venir y la mayoría de estudiantes han aprovechado para disfrutar del buen tiempo. Creo que yo habría hecho lo mismo en su lugar.

Pero en el aula, al llegar, había una persona, una chica que no suele venir mucho a clase (seguramente por eso no se había enterado de que sus compañeros estaban haciendo pellas). Es bastante lenta, le cuesta mucho seguir el ritmo de la clase y se queja de que el español se le mezcla continuamente con el italiano, su primera lengua extranjera. Me ha dicho que me entiende muy bien pero que no se ve capaz de hablar.

Mientras charlábamos ha llegado otro despistado. Es, con diferencia, el que más español sabe de ese grupo. Lleva más tiempo estudiando español, incluso antes de empezar la universidad, así que se aburre un poco y no suele aparecer mucho por la facultad.

Lo normal es que al ser sólo dos les hubiese dejado ir. Pero nos hemos quedado y hemos estado hablando de sus dificultades; hemos buscado algunas soluciones para que estudiar dos lenguas tan parecidas sea una ventaja y no un obstáculo. Y hemos estado trabajando los tres con el material que tienen que preparar para el examen parcial de la semana que viene: básicamente p. perfecto y p. indefinido, con sus irregulares y su contraste.

Me ha encantado ver cómo “el más listo” se daba cuenta de que no lo sabe todo y de cómo “la más lenta” sonreía al ver qué, con un poco de esfuerzo, sí sabía contestar y hacer frases.

También me ha gustado mucho ver cómo se ayudaban entre sí.
Si tuviéramos tiempo en clase para atender a todos según sus ritmos…! Si encontráramos la forma de evaluar a cada uno según sus progresos, sus obstáculos, sus riesgos…! Si pudiéramos hacer que, como hoy, en la clase los estudiantes participasen así y se ayudasen y enseñasen unos a otros…!

Las palabras que faltan II

(En las palabras que faltan I ya hablaba un poco de todo esto hace un tiempo)

Cuando empiezas a aprender una lengua, al principio todo gira en torno a uno, a lo que uno puede decir sobre sí mismo o sobre lo que le rodea de forma inmediata. Por eso hay veces que con las palabras que vienen en los manuales no es suficiente.

El otro día en clase estuvimos haciendo un mapa de vocabulario sobre la ciudad. Quedó una pizarra tan estupenda que le hicimos una foto para no perderla. Y es que en un mapa así no sólo pones las palabras que ya conoces sino que puedes organizar las que sabes y además piensas en las que no sabes y te haría falta conocer.

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Hoy hemos estado completando ese mapa con las palabras que los estudiantes necesitaban para describir su calle o su barrio. En una ciudad como Sarajevo, aparte de “lo normal” que hay en “todas las ciudades”, hay tranvía y trolebús, escaleras y cuestas- muchas cuestas-, mezquitas, iglesias y sinagogas, y cementerios.

La semana que viene vamos a empezar a escribir pequeños textos, pero no les voy a pedir que describan su habitación o su casa. Para que usen el vocabulario que saben de forma significativa vamos a escribir para la web, para dar contenido en español a una página de viajes en la que no hay nada sobre Sarajevo. (Se lo sugerí una vez a mis alumnos albaneses y les gustó tanto la idea que algunos lo hicieron sin que se lo pidiera). A ver qué sale esta vez.

Yo, por mi parte, ando aprendiendo (ya sin red) también las palabras que me hacen falta. Y he aprendido las cosas de la casa (porque necesitaba una), y las de los restaurantes y los bares (porque tengo que comer y beber)- he aprendido a llamar a la pita de patatas “krompirusa” y a la de espinacas “zeljanica”, y he aprendido que un croasant con chocolate es “kroasan sa cokoladom” y con queso “sa sirom”. o sea que la preposición “sa” va con instrumental, que termina en “-om”.

También he aprendido palabras como “lopovi” (ladrones), porque se lo oigo gritar todos los días a los que salen a la calle a manifiestarse desde hace casi ya un mes. Y he aprendido que uno de los verbos más productivos es “raditi”. Porque la gente, además de saludarse diciendo “Sta ima?” (qué hay?) también se dice “Sta radis?” (qué haces?). Porque el tranvía  o el ascensor “radi” o “ne radi” (funciona o no) . Porque uno de los bares que más nos gusta a veces “ne radi” (no abre). Y porque una vez al mes tengo “radna subota”  (sábado laborable).