Disidencia navideña y el libro de mi padre

Las navidades son “esos días señalados” en los que la gente se junta en familia por obligación, come y cena desmesuradamente  por obligación y compra cosas por obligación (y no es nuevo, ya lo decía Larra en 1836). Hay gente que lo lleva mejor que otra.

En casa mis padres están ya bastante acostumbrados a las disidencias navideñas de sus hijos. A mí me ha tocado cumplir algunos días; vivo lejos y mis padres quieren verme, y yo a ellos. Así que no me libré ni de nochebuena ni de navidad. En nochevieja tuve una buena coartada para quedarme tranquila en casa.Y añonuevo es un día resacoso que no existe en la mayoría de los calendarios. Queda el día de Reyes, el único que me gusta, aunque solo sea por el recuerdo infantil, porque lo que son regalos, pocos caen ya, aparte de calcetines o pijamas que mi madre sigue empeñada en regalarnos.

Eso no significa que no hayamos tenido reuniones familiares. Todos mis hermanos (somos 7!)  y compañía estaban en casa de mis padres esperándome para comer el día que llegué de Tirana. ¡Sorpresa! Esa fecha no era día festivo en el calendario pero fue nuestra comida de Navidad. Y la semana pasada aparecimos también de sorpresa en el hogar familiar para entregarle a mi padre, recién salido del horno, un libro escrito por él.

Se titula Al garete y es una novela que mi padre escribió a finales de los años sesenta. Estuvo entonces a punto de publicarla la editorial Luis de Caralt, pero la censura le estampó un “denegada su publicación” y el libro terminó en una carpeta guardada en el cajón. Hasta ahora.

En su edición han trabajado animosa y altruistamente muchas personas, unos corrigiendo, otros maquetando, otros encargándose de las ilustraciones, del diseño… Ha sido una aventura editorial compartida y el libro, como objeto, ha quedado estupendo. Es una edición familiar, artesana casi. El libro no se va a vender en las librerías sino que va a circular entre los amigos. Pero la cara de mi padre al tenerlo entre las manos no se me va a olvidar nunca. Eso sí que es un regalo (de navidad o de lo que sea).

Mi padre me recordó que este año también yo he tenido mi ración de negro sobre blanco, El español en la maleta

 

 

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Saboreando las palabras

Últimamente le estoy dando vueltas al hecho de vivir rodeado de una lengua distinta a la materna (y al hecho de escribir en otra lengua, pero eso es otra historia). A pesar de que en Tirana me relacione sobre todo en español (en el trabajo, con muchos de los amigos, hispanohablantes en su mayoría, nativos o no), esas cosas del día a día como ir al mercado, saludar al portero del edificio, ir a correos o comprar tabaco las hago normalmente y ya sin complejos en albanés. Digo frases correctas, me comprenden y consigo lo que quiero. Pero en vacaciones vuelvo a casa y entonces empiezo a saborear las palabras de mi lengua, como si fuesen lacasitos de colores.

Un ejemplo: Acabo de venir de comprar el pan.

- ¿Qué te pongo, guapa?

- Una barrita. (Con ese diminutivo de cortesía tan majo que tenemos)

- Ahí tienes.

- ¿Qué te doy? Pregunto con unas monedas en la mano.

El señor que estaba delante de mí, dice entre risas: un beso, o una paliza…

La dependienta y el resto de gente que espera su turno sonríen. Alguien añade en voz alta: no hombre, una paliza no…

Estas cosas en albanés no las puedo saborear. Allí cumplo con éxito las funciones comunicativas como salen en los manuales de idiomas (En la tienda, para preguntar el precio: “¿cuánto cuesta? ¿cuánto es? = sa kuston?”), pero no hago chascarrillos con los vecinos en el portal o con los tenderos, ni puedo participar cuando alguien los hace.


Por eso durante las vacaciones, en casa, pego la hebra con todo el mundo, con las personas que me encuentro en la cola del cajero, en un ascensor, con el señor del estanco, con la cajera del día… Y así saboreo esas palabras, esas frases que, cuando estoy lejos, rodeada de na lengua extraña (por “extranjera”) se quedan atragantadas y sin pronunciar, sin encontrar correspondencias.

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Un vídeo, muchas ideas para clase

Ideas para la explotación en clase de este vídeo:

Este vídeo forma parte de la campaña publicitaria de una escuela de lenguas extranjeras.

Versión clásica: la protagonista del vídeo escribe una carta a sus amigos relatándoles su estancia en Barcelona (práctica de los tiempos de pasado).

Versión tic: la protagonista del videos tuitea/cuenta en facebook lo que va haciendo y aprendiendo en su estancia en Barcelona  (práctica del presente).

Otra idea: pedir a los alumnos que graben un video similar de su ciudad y lo editen añadiéndo las palabras que crean más significativas.

El vídeo me ha recordado a los planteamientos del enfoque léxico y al formato de algunos materiales, como los del manual Bitácora.

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Canciones como estímulo y otras ideas para clase

En el libro que estamos usando en clase tocaba ayer la archimanida lección de las tapas y los bares y mientras preparaba la sesión me acordé de una canción de El combo linga en la que se cantan nombres de tapas y raciones y pensé en llevarla a clase. Entonces salieron el angelito bueno y el diablillo travieso a aconsejarme explotaciones didácticas. El angelito bueno me decía que podría preparar una letra con huecos para que anotaran los nombres de algunos de los platos mencionados, pero que mis estudiantes (de A2) no iban a entender nada del texto de la canción y que eso les podría estresar. El diablillo me propuso que no lo planteara como un ejercicio de comprensión auditiva sino como un estímulo a la conversación, me pasó un vídeo de youtube en el que con una sucesión de diapositivas se ponía imagen a cada los platos. Así que le hice caso y  lo llevé a clase (5 minutos antes estuve peleándome con todos los cables del proyector, el portátil y los altavoces). Les dije a mis chicas que escucharan la canción tranquilamente y que se fijaran en las imágenes.

¿Qué plato de los que han salido os gustaría probar?

Volvimos a ver el video, con la letra, y así pudieron identificar por escrito el nombre de las tapas que más les habían llamado la atención.

Ni loca me habría dedicado a explicarles todas las recetas de todas las raciones que se nombran en la canción. Habría salido una lista interminable de alimentos y modos de preparación larguísima e innecesaria. Les expliqué que sólo podían pedir aclaraciones de una de las tapas,así que tenían que escoger una compleja, que no hubieran podido identificar con las imágenes. El resto, si les interesaba, podrían buscarlo en el diccionario en casa.

Y como ya había conectado todos los trastos, aproveché para hacer el visionado de otro video que siempre había querido usar en clase: un fragmento de splunge que sucede en un bar y en el que las frases se terminan con gestos.  El angelito bueno también me había desaconsejado usarlo: hablan muy deprisa, usan formas verbales que todavía no habéis dado. ¿por qué no te buscas un video con un diálogo prefabricado en el que los actores vocalicen bien y a menor velocidad?

Pero, como nos han explicado mil veces, la dificultad debe residir en la tarea, no en el texto. Así que le hice caso al diablillo travieso.

Les pedí a los alumnos que observaran el video. Después de verlo la primera vez (incompleto, lo cortaba antes de la última intervención de Loles León) hablamos de sus primeras impresiones: ¿dónde sucede la historia? ¿cuál es la gracia del sketch? Luego volvimos a ver el video. Los alumnos anotaron qué les pasa o qué es lo que quieren cada uno de los personajes. Después de la puesta en común y de la explicación de todos los gestos, les entregué la transcripción de lo que dice Loles León al final y les pedí que intentasen completar por escrito sus palabras. Y al final lo comprobamos viendo el fragmento que nos faltaba. Nos sirvió para reflexionar sobre algunas estrategias de la comprensión auditiva (audiovisual), sobre la importancia de los gestos y de conocer el contexto en el que se dan lugar las conversaciones. Y hablamos sobre muchas otras cosas más. La clase salió sola. Y cuando suceden cosas así uno se va a su casa más contento.

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Pinto, luego existo

Últimamente leo bastante, escribo menos y pinto más:

(Garabatos sobre lo que veo, huelo, pruebo, toco y oigo en Albania, bienintencionados aunque algo cutres- inspirados de alguna manera en Delisle, Satrapi o Joe Sacco y en otras mil historietas-. Haz click en la imagen si quieres echar un vistazo a lo que voy haciendo)

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Deshaciendo maletas

Con septiembre llega siempre el nuevo año (no en enero, como marca el calendario) y esa “odiosa” vuelta al cole. Por delante, los exámenes de septiembre, ver qué asignaturas nuevas y horarios nos deparan los encajes de bolillos del departamento en la facultad de lenguas extranjeras de Tirana, darle cuerpo y contenido a una nueva asociación cultural (de la que ya hablaré más adelante).

Además, la fantástica noticia de la publicación del libro El español en la maleta, recopilación de relatos escritos por profesores de español por el mundo. Sobre la génesis del libro y sus vicisitudes, podéis echarle un vistazo a los blogs de algunos compañeros: palabras tendidas al viento, la ciudad de los caminantes, vida de profesor. Esquema Ediciones se arriesga con esta aventura que nació en internet y salta al papel en su primera publicación. A partir del 14 de septiembre. Qué ganas de tenerlo en las manos.

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