Síndrome PostDELE II

[Otro de mis desvaríos post-DELE]. En los ratos en que nos podíamos turnar y me tocaba salir a recibir a los candidatos estuve trasteando en twitter, buscando el hashtag #DELE. Aparte de tuiteros brasileros que hablaban “de él” (en un abanico de tuits variado en el que “él” podía ser Jesucristo o el ex-novio), encontré unos cuantos sobre los diplomas de español. Estos podemos clasificarlos en 3 categorías:

Por un lado están los tuits institucionales. Academias, Institutos Cervantes de distintos lugares… que informan o dan ánimos a sus estudiantes.

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Por otro están los tuits de profesores que participan en los tribunales y las pruebas. La mayoría anuncia la noticia de “lo que se avecina” o el alivio del “ya hemos terminado”. También hay alguna reflexión sobre la marcha (yo aporté mi granito de arena en un descanso porque llevaba una racha de interpretaciones bizarras de las historietas de B2 que no podía más que desahogarme virtualmente).

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Y sobre todo están los tuits de los que se presentan. Expresan sus nervios antes del examen: 

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o sus comentarios después de haberlo pasado:

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Tal vez estos últimos, los de los estudiantes, se merecerían un análisis profundo en esos cursos de formación que el cervantes organiza para futuros examinadores.

Síndrome PostDELE I

Una de las cosas curiosas de participar en el tribunal de  los exámenes orales (en este caso para conseguir el Diploma de español, conocido como DELE) es que, de manera indirecta,  a través de quienes se presentan, puedes tener una especie de panorama de la sociedad (de sus costumbres, sus ideas, sus anhelos, sus inquietudes), o al menos de un sector de esa sociedad. Eso me ha pasado este fin de semana.

En Tirana no hay Instituto Cervantes pero nos ocupamos de los DELES unos cuantos profesores de español, albaneses y españoles, a través de la asociación cultural Casa de España en Tirana. Hace apenas unas horas que terminamos todo, burocracias y gestiones administrativas incluidas.

Han pasado por las pruebas una treintena de albaneses, casi todo chicas, algunas muy jóvenes, de 14 años, por ese empeño de los padres de clase media-alta de apuntar a sus hijos a mil extraescolares y hacerles competir para conseguir diplomas o títulos que ellos no pudieron tener y que sus niñas no necesitan (tan pronto).

Este es, a grandes rasgos, el perfil del albanés que se presenta al DELE: mujer, entre 16 y 28 años, conocedora de al menos otras dos lenguas extranjeras (italiano e inglés sobre todo) y en muchos casos autodidacta (vivan las telenovelas); ámbito urbano; nivel de estudios altos o intención de seguirlos;  posición económica acomodada (al menos el entorno familiar directo).

Escuchando durante horas a estas chicas hablando de sí mismas (A1), describiendo fotografías (A2), simulando conversaciones telefónicas  y explicando historietas (B1) o desarrollando temas como “un lugar para vivir” o “los medios de comunicación” (B2) uno termina conociendo a los albaneses un poco más y comprendiendo lo conservadora que es aun esta gente en cuestiones, por ejemplo, de género; lo ansiosos que están por abrazar “la modernidad”; el impacto que van dejando en estas jóvenes los modelos de la sociedad de consumo, de la que tan lejos vivió su país no hace tanto; la enorme distancia que existe entre quienes me hablan y la chica que vende bureks (una especie de hojaldre relleno de queso o espinacas) en el puesto de la esquina o, sin ponernos sentimentales, sus propios padres…

Durante los exámenes orales he estado pensando en cosas como estas: ¿por qué ante la viñeta en la que aparece una mujer sentada en un despacho estas chicas sólo veían una secretaria- que tenía, obviamente, un jefe varón- y no veían nunca una directiva, o una abogada o una empresaria?; o ¿por qué se quedaban alucinadas en esa misma historieta cuando “el marido” aparece cocinando?

“Los maridos no cocinan”, me soltaba una chiquilla de no más de 17 años, pizpireta y risueña, con todo su desparjajo, y que había elegido como tema para desarrollar “Las compras”. Yo no he podido evitar decirle: “Cómo que los hombre no cocinan? Mi padre cocina estupendamente…”

Esta claro que en exámenes como este se trata de evaluar la competencia comunicativa de los candidatos, no las creencias o la ideología, pero ¿se puede evaluar tan asépticamente? ¿Las opiniones que expresan los candidatos interferirán en algo en los resultados?

Recuerdo que una vez en Bucarest examinamos a un chico que era militar. Hablaba español estupendamente pero nos soltó unos comentarios racistas sobre “los moros” con los que había tenido la “desgracia” de convivir en unas maniobras que nos dejaron sin palabras. Cuando salió apenas discutimos sobre su calificación sino sobre lo alucinados que nos habíamos quedado y la cara de póker que tuvo que poner mi compañero en el momento. Y es que si esa especie de autocensura de lo políticamente correcto que se presupone (quién lo presupone?) en un contexto formal no está asumida, puedes esperarte cualquier cosa.

Por otra parte, ¿qué tipo de imagen (de España? de Europa? del mundo hispano?)  transmiten los textos o las fotos que se utilizan como estímulos para desarrollar las distintas pruebas?

En los exámenes B1  y B2, que todavía no se han cambiado, se siguen usando desde hace una década los mismos temas para preparar la exposición oral y los mismos materiales gráficos. Ya he comentado alguna vez en este blog la dificultad de algunos examinados para interpretar esas horribles historietas, que deben explicar y describir. Si no se comprende el lenguaje del cómic, mal podrá superarse con éxito esta tarea. Lo mismo si los modelos culturales o los clichés sociales/contexuales que se proponen no se comparten.

En los nuevos formatos del resto de niveles se intenta presentar temas “más actuales” o “más atractivos” pero ¿qué puede saber, por ejemplo, de los “neo-rurales” una veinteañera albanesa? Y con los mismos materiales que usan mis jóvenes albanesas, se examinan jóvenes chinos o canadienses, brasileños o indios. Señores encargados de estos asuntos, creo que habría que hacer un esfuerzo por diseñar materiales con una perspectiva (más) intercultural .

(sobre los DELEs, habrá más)

Qué bien canto en Esperanto

La Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de Tirana (supongo que la de todos los sitios en realidad) es una pequeña Babel en la que se oyen una decena de lenguas, en las aulas, en los pasillos, en los cafés…

Inglés, italiano, alemán, francés, español. ruso, búlgaro, griego, turco y chino! No está nada mal. Los albaneses tienen a gala su condición de políglotas. Mis estudiantes se manejan con bastante soltura al menos en 4 lenguas (contando la materna). Me atrevería a decir que más de la mitad de la población habla italiano y la mayoría de los jóvenes inglés. La televisión, el contacto con los países vecinos, la emigración… son algunos de los “culpables”.

Para añadir una lengua más, el otro día apareció en la universidad un grupo de… esperantistas!

Eran unos ocho, hombres y mujeres, holandeses o alemanes, no me enteré muy bien… y llevaban unas pintas de viejos hippies muy divertidas, que contrastaban con la uniforme moda juvenil tiranesa primavera-verano made in china. Si mi aspecto (bastante normal, creo) ya llama la atención, imaginad el de estos viejetes barbudos y despeinados, vestidos de colores, que a medida que avanzaban por los pasillos de la facultad levantaban a su paso risas y comentarios nada disimulados.

Los esperantistas son unos tíos curiosos y tienen una red internacional montada que permite, por ejemplo, viajar por todo el mundo de casa en casa. Entre esperantistas hay que ayudarse. En internet podéis encontrar información sobre la lengua, las organizaciones de esperantista, sobre publicaciones, jornadas, etc aquí. Supongo que estos estaban en Tirana de paso en algún viaje para captar adeptos a la causa. Sukcesan vojaĝon! (que tengan buen viaje, en esperanto)

Yo me los crucé también por el pasillo, no me quedé a la charla porque estaba terminado de maquetar esto (ya contaré más) pero el resto del día estuve cantando esta vieja canción de Los Enemigos:

Qué bien canto en esperanto
Cómo chano hablando italiano
Qué bien leo en arameo
Aunque algo brusco también leo etrusco

Me río
de aquel
castigo
en Babel

En la mili aprendí suahili
Un borracho me enseñó el gabacho
Un día de huelga aprendí a hablar belga
Soy tan obtuso que también sé ruso…

 

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Tres experiencias de clase y un prezi

Hoy me ha tocado presentar algunas experiencias de clase con blogs, wikis y redes y sociales en un congreso que se organizaba en la Facultad. La presentación sin el artículo se queda un poco coja, pero como es mi primer prezi lo pongo porque “me llena de orgullo y satisfaciión”. Aprovecho para soltar algunos sapos y culebras sobre este tipo de saraos que en general son un tostón auténtico, aunque a veces haya cositas interesantes como que surjan conversaciones, en los márgenes de cada ponencia sobre todo, o como que los estudiantes, normalmente espectadores pasivos de conferencias y congresos, participen.

He hablado, así, muy por encima, de tres actividades desarrolladas a lo largo del semestre pasado en la asignatura de Comunicación Turística (con su introducción correspodiente sobre la web 2.0, las TIC y las TRIC (Elisa Hergueta me dio la idea), la competencia digital, etc. De las tres actividades que he presentado, una resultó un fiasco, otra se quedó a medias y otra, sorprendentemente, un éxito.

Actividades 2.0 clase de Comunicación turística y E/LE on Prezi

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Escribir para algo

En el colegio siempre odié la típica redacción “escribe lo que has hecho las vacaciones pasadas” (o el fin de semana, o el verano). Se dejaba fuera elementos importantes a tener en cuenta a la hora de escribir: a quién escribes, para qué le escribes (y a través de que medio le escribes, pero eso es otra historia)…

En los manuales de español que hay en el mercado se contextualizan algo más las tareas de expresión escrita.

Imagen(En Bitácora) ¿A quién hay que escribir? ¿Por qué en español?: A un español que visita el país natal del alumno. ¿Para qué? Para informarle sobre X cosas. Muy bien.

Pero si observamos el ejercicio “escribe un pequeño texto presentándote” propuesto aquí (Español en marcha):

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“¿Para qué me tengo que describir, si ya me ven?” Debe pensar el estudiante ante un ejercicio así. No hay motivo para escribir.

La misma propuesta aparece en este otro manual (Aula 1):

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Pero esta vez hay un propósito: Los textos escritos por toda la clase se mezclan y se leen. Hay que adivinar a quién se describe. Vale, sirve el pretexto del juego.

Con esta preocupación por buscar tareas de escritura “reales”, y con la tecnología de nuestra parte, que nos permite participar en la “gran conversación”, se me ocurrió proponerles a los chicos de “Comunicación turística” escribir pequeños textos para dar contenido sobre Tirana en mimaleta.com, una comunidad de viajeros. El resultado lo iremos publicando aquí.

Viene todo esto a cuento porque me han encasquetado para este semestre una asignatura llamada Escritura Académica. “Otra vez una asignatura nueva. Venga, otra vez a romperse los cascos”, pienso resoplando al principio. “Un nuevo reto”, me consuelo. “Y además es una asignatura útil e interesante”.

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Para qué sirve un profesor de idiomas.

Tenía esta entrada entre los borradores del blog pero leyendo este post de jramonele sobre aprendizaje informal y aprendizaje formal y sus comentarios me he decidido a darle una vuelta más.

Dice ibilbidea en los comentarios: “¿por qué nos pagan los estudiantes? ¿Qué les podemos ofrecer nosotros que no puedan conseguir por si mismos?”

Ando pensando últimamente que la mayoría de las lenguas que hablo, mejor o peor, las he aprendido sin profesor (salvo el inglés, en el cole y el instituto, que casi podía haberme ahorrado), por placer, por necesidad, de oídas, leyendo, aprendiendo canciones, viendo series o películas, en contacto con sus hablantes, con curiosidad, con esfuerzo… Y muchos de los extranjeros que hablan español que he conocido por esos mundos  también han sido autodidactas. Y algunos con resultados envidiables.

Así que también ando preguntándome para qué nos buscamos clases de esto o de lo otro (no sólo de idiomas) cuando podemos aprender lo que sea (ojo, no hablo de la enseñanza obligatoria, porque eso es otra historia, ni de las clases extraescolares a las que los padres apuntan a sus retoños; me refiero a aprendizajes “adultos” o voluntarios) por nuestra cuenta.

¿Por qué pagamos inscripciones- a veces bien caras- y retorcemos o sobrecargamos nuestros horarios? Hoy en día, el que quiere aprender algo, además de preguntar a sus conocidos o visitar una biblioteca, tiene en la red el mejor aliado. Contenidos y personal dispuesto a echar una mano están ahí, al alcance de cualquiera con conexión a internet e interés.

Entonces, ¿qué añadido/atractivo/aliciente tiene asistir a una clase?

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