Privilegiados de nosotros

Mientras la gente no despegaba la vista de las teles para ver los partidos de la Eurocopa (oéoéoé), la Unión Europea (casualidad, oportunidad?) aprobó dos medidas que recortan derechos: una que permite ampliar la jornada de trabajo de las 48 horas semanales a 60 (o 65) y otra que aumenta a 18 meses la detención de “sin papeles” (el mensaje parece ser: “o te vas o te encierro”), por lo que no tener papeles en la UE será, en la práctica, un delito. Esta medida ha sido bautizada como “la directiva de la vergüenza”.

Y digo yo, ¿qué especial privilegio tengo yo para poder moverme por el mundo, para pasar fronteras  mostrando mi flamante pasaporte español, para poder vivir sin permiso de residencia en países cuyos habitantes no pueden ir a los países vecinos sin solicitar una visa que tal vez no se les conceda? Ah, claro, que yo he nacido en la parte guay del planeta, la parte que decide los destinos del resto, la que abre o cierra las puertas y el grifo, la que corta el bacalao, la que reparte sus migajas en forma de “ayudas” y a la vez explota y luego tira a la basura a la mano de obra barata que (ya no) necesita.

Qué vergüenza de Europa, que quiere convertirse en un exclusivo club para ricos sin ver sus miserias.