Qué bien canto en Esperanto

La Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de Tirana (supongo que la de todos los sitios en realidad) es una pequeña Babel en la que se oyen una decena de lenguas, en las aulas, en los pasillos, en los cafés…

Inglés, italiano, alemán, francés, español. ruso, búlgaro, griego, turco y chino! No está nada mal. Los albaneses tienen a gala su condición de políglotas. Mis estudiantes se manejan con bastante soltura al menos en 4 lenguas (contando la materna). Me atrevería a decir que más de la mitad de la población habla italiano y la mayoría de los jóvenes inglés. La televisión, el contacto con los países vecinos, la emigración… son algunos de los “culpables”.

Para añadir una lengua más, el otro día apareció en la universidad un grupo de… esperantistas!

Eran unos ocho, hombres y mujeres, holandeses o alemanes, no me enteré muy bien… y llevaban unas pintas de viejos hippies muy divertidas, que contrastaban con la uniforme moda juvenil tiranesa primavera-verano made in china. Si mi aspecto (bastante normal, creo) ya llama la atención, imaginad el de estos viejetes barbudos y despeinados, vestidos de colores, que a medida que avanzaban por los pasillos de la facultad levantaban a su paso risas y comentarios nada disimulados.

Los esperantistas son unos tíos curiosos y tienen una red internacional montada que permite, por ejemplo, viajar por todo el mundo de casa en casa. Entre esperantistas hay que ayudarse. En internet podéis encontrar información sobre la lengua, las organizaciones de esperantista, sobre publicaciones, jornadas, etc aquí. Supongo que estos estaban en Tirana de paso en algún viaje para captar adeptos a la causa. Sukcesan vojaĝon! (que tengan buen viaje, en esperanto)

Yo me los crucé también por el pasillo, no me quedé a la charla porque estaba terminado de maquetar esto (ya contaré más) pero el resto del día estuve cantando esta vieja canción de Los Enemigos:

Qué bien canto en esperanto
Cómo chano hablando italiano
Qué bien leo en arameo
Aunque algo brusco también leo etrusco

Me río
de aquel
castigo
en Babel

En la mili aprendí suahili
Un borracho me enseñó el gabacho
Un día de huelga aprendí a hablar belga
Soy tan obtuso que también sé ruso…

 

Disidencia navideña y el libro de mi padre

Las navidades son “esos días señalados” en los que la gente se junta en familia por obligación, come y cena desmesuradamente  por obligación y compra cosas por obligación (y no es nuevo, ya lo decía Larra en 1836). Hay gente que lo lleva mejor que otra.

En casa mis padres están ya bastante acostumbrados a las disidencias navideñas de sus hijos. A mí me ha tocado cumplir algunos días; vivo lejos y mis padres quieren verme, y yo a ellos. Así que no me libré ni de nochebuena ni de navidad. En nochevieja tuve una buena coartada para quedarme tranquila en casa.Y añonuevo es un día resacoso que no existe en la mayoría de los calendarios. Queda el día de Reyes, el único que me gusta, aunque solo sea por el recuerdo infantil, porque lo que son regalos, pocos caen ya, aparte de calcetines o pijamas que mi madre sigue empeñada en regalarnos.

Eso no significa que no hayamos tenido reuniones familiares. Todos mis hermanos (somos 7!)  y compañía estaban en casa de mis padres esperándome para comer el día que llegué de Tirana. ¡Sorpresa! Esa fecha no era día festivo en el calendario pero fue nuestra comida de Navidad. Y la semana pasada aparecimos también de sorpresa en el hogar familiar para entregarle a mi padre, recién salido del horno, un libro escrito por él.

Se titula Al garete y es una novela que mi padre escribió a finales de los años sesenta. Estuvo entonces a punto de publicarla la editorial Luis de Caralt, pero la censura le estampó un “denegada su publicación” y el libro terminó en una carpeta guardada en el cajón. Hasta ahora.

En su edición han trabajado animosa y altruistamente muchas personas, unos corrigiendo, otros maquetando, otros encargándose de las ilustraciones, del diseño… Ha sido una aventura editorial compartida y el libro, como objeto, ha quedado estupendo. Es una edición familiar, artesana casi. El libro no se va a vender en las librerías sino que va a circular entre los amigos. Pero la cara de mi padre al tenerlo entre las manos no se me va a olvidar nunca. Eso sí que es un regalo (de navidad o de lo que sea).

Mi padre me recordó que este año también yo he tenido mi ración de negro sobre blanco, El español en la maleta

 

 

Castillos en el aire

Una no puede evitarlo. Por más que sepa que las cosas son como son no puede evitar hacerse ilusiones y, a pesar de haber mantenido los pies en el suelo – o al menos intentarlo-, la cabeza vuela y sueña con apartamentos en Río de Janeiro desde los que se ve el mar y el Pan de Azúcar; o con pedalear por las calles de Pekín camino del trabajo; o con los olores y los colores de Nueva Delhi al salir de clase… Pero no ha colado. Este año.

Mis experiencias anteriores con los procesos de selección del Instituto Cervantes ya habían salido a colación en estos mundos periféricos. Este año lo he flipado.

Primero, por entrar en la lista de los afortunados que hacían el examen escrito. Organizo mi “huída” tiranesa de la mejor manera posible, dejando encargos y marrones sin concluir de la universidad a varios colegas. Busco billete, hago la maleta y vuelo a Madrid. En el avión cojo distraída la revista de Alitalia para echar un vistazo. En la portada, en mayúsculas, pone BIC: Brasil, India, China, países emergentes.

Al día siguiente, bien de mañana, en el autobús de camino a Alcalá de Henares, pienso en lo extrañamente ligado que está mi destino laboral con esta ciudad, donde estuve trabajando hace unos años en el paréntesis entre Rumanía y Albania.

Somos unas sesenta personas; no conozco a nadie; algunos me suenan de cara, este mundillo es pequeño pero no logro situarlos. Primera prueba, dos temas a elegir: La gramática en los enfoques comunicativos y Variedades del español. No me he preparado nada y opto por el primero, puedo contar más cosas y evitar el blablabla-rellena-exámenes del otro tema. Organizo un poco las ideas y me pongo a escribir. Me sorprendo de mi letra y de lo que me está costando escribir a mano. Entrego el examen y salgo a fumar un cigarrito.

A los que fumamos nos es fácil socializar. En el corrillo en el que echamos humo hay gente que viene de las cuatro esquinas del mundo, todos en situaciones parecidas a la mía, con prisas y billetes de última hora. Algunos ya se han presentado otras veces, se saludan, se preguntan por sus vidas, se comenta el examen…

La segunda prueba es un comentario de texto que hablaba sobre la gestión del autoaprendizaje y de la labor del profesor en ese proceso. Hago lo que puedo, parafraseo y le saco punta a algunas ideas del texto. No estoy muy contenta. Mi letra empeora a medida que pasan las horas. Presiento que en la siguiente prueba lo que escriba será ilegible.

Yo no tengo el Plan Curricular del I.C. y en la última prueba, la de diseñar una secuencia didáctica, es recomendable tenerlo a mano para elegir objetivos, contenidos, etc. Afortunadamente mi compañero de la derecha opta por el nivel C1 y me presta amablemente el tomo B1-B2. Hay que pensar en una clase de hora media en la que se trabaje alrededor de este objetivo: comprender una carta o mensaje electrónico y reaccionar con un texto en el que se comenten experiencias personales. Yo me monto una clase a partir de la idea de mudarse a otro país; defino el grupo meta, el momento del curso, los objetivos y contenidos, las actividades, las destrezas… a la hora de la evaluación ya estoy machacada y decido ventilarme lo que queda con pocos rollos.

No tengo ninguna esperanza, ni he estudiado nada, ni me he preparado, ni conocía bien el tipo de pruebas. Pero, pienso, al año que viene saldrá mejor.

Sigo flipando al ver las notas que me han puesto y que me sitúan la sexta de la lista antes de la entrevista.

– Ya verás cómo te lo sacas.

– Que no, que no, que falta la entrevista, que es el 40% de la nota final, que es muy difícil sacarse esto a la primera…

Pero la cabeza no para de darle al runrún. Llega el día de la entrevista, esta vez en la sede del Cervantes, en la Calle Barquillo. Voy caminando desde casa. Brasil, China, Japón, la India… Decido que es mejor dejar de pensar. Mientras espero en un hall llega otro de los candidatos; curiosamente habíamos echado un cigarrito juntos el día del examen. Charlamos de mil cosas, poco sobre el examen. Nos saluda Jesús Quintero educamente al pasar por delante. Me llaman. La entrevista es en el sexto piso del edificio y en el ascensor me siento el superagente 86. Hay cuatro mujeres sentadas en la sala, que pertenecen a distintos departamentos. Saludo, me siento con ellas. Hablamos sobre mi curriculum, mi experiencia en Albania; me preguntan por qué he puesto Río en primer lugar; por qué no he solicitado la plaza en Alburquerque; me piden que me califique de uno a diez en una serie de cuestiones (esfuerzo; puntualidad; organización; empatía; resolución de conflictos…); me preguntan que qué es para mí que el alumno sea el centro del aprendizaje, en el aula y fuera de ella; les hablo de cómo valoro e incorporo a las clases los intereses de los estudiantes , les cuento algunas experiencias de clase (del blog, del facebook); me preguntan si tengo alguna duda. ¿Sobre el Cervantes? Ninguna, y todas. Les pregunto sobre los dos centros más recientes, el de Nueva Delhi y el de Shangai. Les digo que me interesa conocer el AVE. Me preguntan que cuáles son mis planes si no consigo la plaza. Pues… seguir con mi vida. Volver a Tirana, donde todavía hay mucha tela que cortar. Todo cordial. No ha durado mucho. En estos casos uno no sabe si ha contestado bien o mal; si es bueno no tener abuela o es mejor ser modosito; si hay que impresionar con datos o es mejor no ir “de sobrao”; y con los nervios normales de cualquier interrogatorio, inevitable meterse en embolados retóricos. Pero ya está. Me voy a desayunar con unos amigos. Sólo hay que esperar. Sigo repitiéndome que no hay que hacerse ilusiones. La cabeza continua con su runrún. Brasil, China, Japón, la India…

La lista provisional de adjudicaciones me deja de piedra: ¡No estoy! Mi nombre no figura ni entre los de los que han conseguido las plazas (cosa que esperaba, a pesar del runrún y de las esperanzas de mi madre, que me quiere mucho), ni en la lista de la bolsa de trabajo. ¿No me merezco ni un cinco por la entrevista? ¿Me han puesto un cero? No entiendo nada. He mandado un email para que me digan mi nota.

No sé si me contestarán*. Uno ha oído tantas cosas, le han contado tantos casos, ha leído tantas historias Pero es que es todo tan competitivo, tan oscuro, tan subjetivo. Y tan solitario. No sé ni cómo se llamaban los candidatos con los que estuve charlando, ni hubo lugar para preguntar cómo les había ido, comentar las impresiones tras las entrevistas, darnos consejos. , desearnos suerte… Antes de las pruebas escritas nos explicaban minuciosamente los criterios de evaluación: contenido, adecuación, posturas críticas, aportaciones personales, conexión con experiencias en el aula… Sobre la entrevista, todo es opaco y secreto. ¿Alguien que haya pasado por este proceso quiere iluminarnos?

Enhorabuena a los premiados.

Brasil, China, Japón, la India… Albania!

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* [ACTUALIZACIÓN] Esta es la respuesta del I.C a mi reclamación:

En respuesta a su consulta indicarle que, los miembros de la Comisión de Selección en la fase de entrevista valoran la adecuación del candidato al puesto de trabajo convocado, su iniciativa y su capacidad de organización, así como la voluntad para integrarse en un proyecto de difusión y consolidación de la lengua y cultura españolas. Por otro lado, se tienen en cuenta también los conocimientos técnicos, su experiencia profesional, la competencia lingüística y las competencias personales del candidato para asumir las funciones del puesto de profesor. En su caso, la puntuación obtenida en esta fase es de 4,75 puntos y como viene recogido en las bases de la convocatoria es necesario obtener una puntuación mínima de 5 puntos para superarla.

O sea, los criterios de evaluación de la entrevista siguen siendo oscuros. ¿Otra vez tienen en cuenta los conocimientos, la experiencia laboral y los idiomas? ¿Eso no lo habían valorado ya en las otras fases? ¿Cómo se mide la voluntad de integración en un proyecto de difusión y consolidación de la lengua…? Yo voluntad tengo mucha… En fin. Al año que viene más.

A alguien le debe de interesar…

Hace ya bastante que no echaba un vistazo al wiki en el que estuve trabajando para mi memoria de master. Hoy me ha llegado un mensaje con la respuesta a un formulario que dejé para los visitantes:

Has echado un vistazo al taller y sus materiales y en general te parece: muy utiles
¿Qué fase del taller te resulta más atractiva? todas
Lo que más te ha gustado
Lo que menos…
Echas en falta…
Eres profesor de: Español como lengua extranjera
En España/Hispanoamérica: En el extranjero
Si tu respuesta es sí, crees que este taller sería positivo para…:
¿Pondrías en práctica una experiencia similar en tu centro?: Sí


El trabajo en el wiki fue bastante solitario, fue mi primer wiki (lo veo ahora y, en cuanto al diseño y a su caótico crecimiento, me da bastante horror, necesita un jardinero que convierta un matorral informe en un bonito arbusto decorativo) y lo abrí para trastear con la herramienta. No estaba pensado para ser un trabajo colectivo sino para centralizar los materiales en la red, pero me sirvió para que me llegaran las críticas constructivas de una profesora de una universidad gallega, nueva bibliografía que no conocía y colaboración (alguna anónima) para traducir un cuento a varias lenguas.
Al final colgué el texto definitivo por si alguien le servía. Hoy ese “alguien” se ha molestado hasta en contestar a un formulario (bastante tonto, por cierto, probablemente estaría probando la aplicación y puse unas preguntas que no sirven más que para darme una palmadita en la espalda). Mola.

La primavera

Hoy en Literatura tocaba “La Celestina”. El tema les ha encantado: amores, desamores, una “remendadora de virgos”, brujería, puterío, envidia, pasión, egoísmo, venganza… De hecho, han estado atentos durante casi toda la clase. Solo algunos rebullían en sus asientos, inquietos. Al salir he cogido a uno de ellos por banda y en un aparte teatral le he preguntado: ¿Que te pasa hoy, que no has parado quieto en toda la hora?
Su respuesta: “Profe, es que estoy enamorando a una compañera de clase”.
¡La primavera ya llegó!
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El real madrid y la gripe.

Como decía aquel, lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal. Estos días en España se ha hablado en los medios de Albania porque el Real Madrid vino a jugar un partido por el que se ha embolsado un suculento botín: 2 millones y medio de eurazos. El dueño del dinero, un millonario turbio que acaba de salir de la cárcel por pegar a un periodista, que vende gasolina adulterada y se divierte gastando su plata en traer a su equipo de fútbol favorito, como un niño caprichoso. Dinero manda.

La crónica del “partido” habría sido normal de no ser por el apagón de más de una hora que dejó al estadio a oscuras. Lo que en España se ha contado como un punto crítico, divertido o anecdótico ( el Madrid hace caja, el Madrid se queda a oscuras, ¿qué pinta el Real Madrid en Albania?) en Albania se ha vivido con bochorno y he escuchado cosas como “vergüenza nacional” (y es algunos “tiran con bala“) y multitud de explicaciones, desde teorías de la conspiranoia varias sobre boikots de la oposición  o cosas más peregrinas, hasta que la culpa la tuvo un ratón que se metió por entre los cables de los sistemas eléctricos.

Pero es que en Albania se va la luz, eso es un hecho y no un chascarrillo. En la facultad la electricidad va y viene, con lo cual las clases diurnas se dan bajo el constante parpadeo de los fluorescentes que se encienden y apagan ríticamente, y las clases a partir de las 4, que es cuando empieza a atardecer, a veces ni se dan. Trabajar con un ordenador es una odisea y pasar un rato sentado en el departamento intentando trabajar en estos fríos días que nos están tocando es un acto de heroísmo. Así que he cogido la gripe.

Copiando voy, pegando vengo. Por el camino yo me entretengo.

Antes de las vacaciones les dejé a mis alumnos de Tipología (una asignatura que hay que elaborar a base de “trabajo de la comprensión lectora y la expresión escrita” y de “lingüística textual”, en pequeñas dosis listas para su consumo) una tarea muy simple: como estábamos leyendo unos textos sobre internet bastante desfasados les encargué que redactaran un pequeño texto sobre alguno de estos temas: las redes sociales, los blogs, los wikis, los sitios tipo “youtube”. Todos los estudiantes pasan bastante tiempo al día pegados al ordenador: tienen correo electrónico, publican y comentan en el blog de español, cotillean y hacen test estúpidos en facebook. Sólo tenían que buscar un poquito de información (cuándo se crearon, cómo surgieron, algunos datos sobre número de usuarios…) y escribir sobre lo que ya conocen.

Vuelvo fresca como una lechuga, llego a clase y recojo sus trabajos (unos a mano, otros a máquina). Por la tarde, en casa, los saco de la mochila y les echo un vistazo mientras me fumo un cigarro… El cigarro se me consume solito en el cenicero mientras paso las hojas ojiplática: artículos enteros de wikipedia sin siquiera quitar los hipervínculos, trabajos con el nombre del autor original en primera línea, textos copiados literalmente pero escritos “a boli”, a ver si cuela…

Si no me hubiese pasado el semestre intentando hacerles entender que la información que sacamos de internet, o la reelaboramos o la citamos y comentamos o si no no sirve de nada; si no les hubiese entregado cada redacción que hacen en casa corregida, comentada, aconsejándoles cómo mejorarla; si no les hubiese repetido una y otra vez “no tiene sentido que copieis sin más palabras que no entendeis”; si no les hubiese demostrado, entre bromas y veras, que copiar “sin que lo note el profesor” es todo un arte… (coño, es que ni picardía para plagiar tienen);  si me hubiera pasado el curso como un profe robot, sus trabajos no me sorprenderían.

Pero es que uno de mis objetivos con estos chavales que, entre café y café, se dejan caer por la universidad era aprender a usar la red – nuestra biblioteca (a falta de una real), nuestra ventana a la información y nuestro medio de comunicación y expresión- de manera constructiva, crítica, creativa; y me he devanado los sesos  proponiéndoles tareas distintas a “completa las frases con las palabras del cuadro” o “haz una redacción sobre las ventajas del transporte público”, e incluso más allá del “buscad en internet la biografía de fulanito de tal o información acercad de la ciudad de Barcelona” (tarea “superinnovadora” en la que el copiar/pegar está más que justificado). El miedo al copy paste, que no es nuevo, porque antes de la era digital también existía- se hacía manualmente-, se conjura planteando tareas en los que más que reproducir, haya que producir.

Cuando les devolví sus trabajos y les dije lo decepcionada que estaba me miraban sin entender. “Pero, ¿si ya te hemos entregado lo que nos habías pedido?”- debían pensar. ¿Yo les había pedido eso? No sé, quizá me expliqué mal, quizá no me entendieron, quizá en albanés escribid se dice igual que plagiad… quizá estén acostumbrados a que ningún profesor se lea sus trabajos, quizá…

Se lo cuento con bastante humor a algunos profesores en una de las pausas entre clase y clase. Grandes exclamaciones de “pero cómo es posible”, “si es que no hacen nada”, “ay que ver” y manos a la cabeza…

Dos días después, movida por circunstancias ajenas, me veo obligada a revisar las guías docentes que nos ha tocado preparar para cada asignatura, y descubro, ya casi sin sorpresa y hasta divertida, que algunos profes las han redactado a base de retales. No nos engañemos, ni nos rasguemos las vestiduras, copiar no tiene nada de malo si se hace con sentido, yo también he cogido prestadas algunas competencias y objetivos de otras guías, pero con conocimiento de causa, intentado que el conjunto sea un todo coherente y no poniendo uno tras otro fragmentos literales que además se contradicen entre sí…

A los alumnos les puedo echar una pequeña bronca y sentarme con ellos a escribir “de verdad”, a seleccionar la información, a usar los datos que han recopilado… pero ¿ a los profesores? ¿Quién enseña al “enseñante”?

Sospecho que, como siempre, la culpa es del “sistema”: para los alumnos, las prácticas enquistadas y los malos hábitos, las temidas notas, los miedos a “si no entrego el trabajo me suspenden”… Para los profes, lo acostumbrados que están a rellenar maquinalmente informes y programas que sienten sólo como una pesada burocracia y que, efectivamente, nadie se molesta en leer.

Uffffff

P.D: El año pasado trabajaba con un grupo en un blog y ante sus indiscriminados copia/pega, les propuse un ejercicio para parafrasear o decir lo mismo con otras palabras. Me contestó una alumna aludida, como si le estuviera reprochando un pecado gordísimo:

“Isabel, perdoname pero yo no he hecho copy-paste, nunca.Tienes razon por algunas frases y palabras, pero yo solamente me he basado en el articulo escrito. Pero, copy paste no haria nunca.Algunas frases y palabras les deje como astaban para no cambiar el sentido de las palabras”.

Yo le dije esto:

“No es un crimen copiar y pegar,de hecho es muy común y nos facilita mucho las cosas. Yo copio y pego a menudo, porque es un medio rápido para trabajar con textos, pero si dejo frases o trozos idénticos los pongo entre comillas y cito las fuentes. No te preocupes. Aquí la cuestión es  ¿sabrías decir “Los agentes abrieron fuego para repeler la agresión” con tus propias palabras? Hasta ahora ninguna me ha dado una solución.”.