Los cómics son para el verano

Supongo que si viviera durante el año cerca de la biblioteca del barrio leería cómics también en primavera, invierno y otoño. Puede que los que acabo de leer no sean ni novedad, pero son estos:

Rosalie Blum, de Camille Jourdy

Castillo de arena, de F. Peeters

Aya de Yopougon, escrita por Marguerite Abouet, ilustrada por Clément Oubrerie

Jonas Fink, de Vittorio Giardino

Menos el de Peeters los demás son series, así que el placer de leerlos se prolonga en varios volúmenes. Y claro, a una le da envidia y quiere dibujar también. Y último descubrimiento en cómic en la web: Let’s Pacheco. Que aproveche.

El verano en lecturas

Muchos tebeos, sobre todo RG 1. Riyad sur Seine y RG 2. Bangkok-Belleville, de Pierre Dragon y Frederik Peeters.

Un descubrimiento: Arto Paasilina

Más, un poco de todo, entre lo que había en las casas en las que he ido durmiendo estos meses y lo que me ha proporcionado la biblioteca: Walden, Dublinesca, Llámame Brookling, relatos de Quim Monzó, Botchan, Toni Morrison…

Y artículos y libros sobre lenguaje no verbal para un proyecto de comparación albanés-italiano-francés-español con gestos hechos con la mano.

Literaturas perifericas

Anoche, en mi flamante nuevo piso, insomne, oyendo a los grillos y las ranas del parque, le di un buen tute a uno de los libros con los que hemos vuelto cargados a Tirana. De camino a Babadag, del polaco Andrej Stasiuk. Es un libro sobre muchos viajes por la Europa de la periferia, Hungria, Polonia, Ucrania, Rumania (Babadag es un pueblito rumano, cerca del desierto el baragan de Istrati en el que los cardos arrastrados por el viento marcan la ruta para huir).
babadag
Stasiuk habla de un mapa ajado en el que las dobleces y arrugas se convierten en nuevos itinerarios y se borran lugares, como se borran cuando recorres esas tierras al ritmo del tren traqueteante. A mi, que he hecho alguno de esos viajes, que he sentido, olido, escuchado, esos acentos, sabores, colores, paisajes… me tiene atrapada.
Otras literaturas perifericas, en la mochila sin deshacer aun, el ucraniano Yuri Andrujovich, del que ya me lei Doce anillos y que ademas firma, con el polaco, un libro que tambien anda enredado con lo calcetines, Mi Europa.

A la biblioteca a por tebeos

Es una de las cosas que más hecho de menos en Tirana, ir a la biblioteca.
Cuando estaba en casa de mis padres la que más cerca me pillaba era de la de la calle Azcona, ahora, la de Puerta de Toledo.
De entre todos los libros que cojo, presto, devuelvo, ojeo… tal vez lo mejor sean los cómics.
Son tan caros que si no fuera por la biblioteca no habría leído jamás a Sfar, a Sacco, a Delisle, a Peeters, a Moore, a Taniguchi
delisle
Lo último que he sacado, Crónicas Birmanas, Las olivas negras, El Local.
Además es un lujo poder leer a muchos- y seguirles – en la red: el propio Delisle, Gipi, Joaquín López Cruces, y que en sus barras laterales o navegando sin más descubres a muchos más… (por ejemplo, franceses).
Lo raro sería que no me diera por dibujar a mí también a veces.
Felices vacaciones!

De libros y LIBROS

Me habian hablado tan, tan bien, (y ademas me lo regalaron) del libro Los hombres que no amaban a las mujeres que me lo lei. Y no puedeo decir que no me gustara, pero no me entusiasmo, no veaia “eso” que habia encandilado a tanta gente.
El siguiente tocho – y es que voy de libro largo en libro mas largo – que cogi era el 2666 de Bolaño. Y ese si, ese me encanto.
Curiosamente ambos libros tocan, cada uno a su manera, un tema, el de los asesinatos de mujeres ups, espero no haber destripado nada…). Pero es que no hay color, oiga.
El libro del sueco me lo imagine como una pelicula, el del chileno no cabria nunca en una.
lib

Leer en vacaciones

Tengo un grupo de alumnos que están en el segundo ciclo y me piden algo que leer. No es fácil encontrar libros en español en Tirana, así que les he prometido enviarles por email un relato (en un link) a cada uno. No quiero darles lecturas de esas graduadas, me resultan tan artificiales e insulsas. Quiero darles literatura, aunque no entiendan todas las palabras, aunque tengan que releer varias veces la misma frase para comprenderla del todo. Yo aprendí francés (y a querer al francés) leyendo al Petit Nicolas y a Saint Exupery y a Verne. Y aprendí italiano leyendo a Calvino. Así que a leer.

Me pierdo en la maraña de la red buscando textos así que me voy a una página segura, la Biblioteca Digital Ciudad Seva y selecciono algunos:

La autopista del sur, de Cortázar.

Acerca de la muerte de Bieito, de Dieste.

Los ojos verdes, de Bécquer.

Tiro de cuentos conocidos pero supongo que mis gustos no tienen por qué coincidir con los de los chicos. Si a alguien se le ocurren más…

Y yo, ¿qué leo? De las primeras cosas que he hecho al llegar a Madrid una ha sido ir a la biblioteca. Me he hecho con unos cuantos tebeos de Johan Sfar. Además no paran de recomendarme unos tochazos que al parecer enganchan y están muy bien: Los hombres que no amaban a las mujeres y la chica que soñaba con cerillas y una bombona de butano (creo que se llama así), dos partes de la trilogía de un autor sueco que murió sin ver sus novelas publicadas. Habrá que echarles un ojo.

Felices vacaciones a todos

La lectura y Crónica de Piedra

“Los gruesos librotes estaban allí, en el baúl, apilados, una multitud interminable de signos arábigos que esperaban para llevarme con ellos y conducirme a los secretos y los misterios, pues el camino hacia los secretos sólo lo conocían las letras arábigas, como las hormigas conocen los agujeros y las grietas de la tierra.

Babazota, ¿y las hormigas? ¿Puedes leerlas?

Él reía plácidamente durante un rato y me acariciaba el cabello largo.

– No, hijo, las hormigas no se leen.

– ¿Y eso por qué? Cuando se amontonan son igual que las letras turcas.

– Eso parece, pero no es así.

– Pues yo las he visto- protestaba por última vez.

Chupaba entonces el cigarrillo y trataba de imaginar qué significado tendrían las hormigas si se pudieran leer igual que los libros.”

Crónica de Piedra es una de las novelas del escritor albanés Ismail Kadare, habla sobre su niñez en la ciudad de Girokastra, al sur del país, a pocos kilómetros de la frontera griega. Girokastra es una ciudad de calles empedradas empinadas y casas de piedra imponentes que se amontonan unas sobre otras. Y en Girokastra llueve, y es bajo la lluvia cuando la ciudad brilla y se vuelve de plata.  Estuvimos allí en diciembre. Y llovía.