Un vídeo, muchas ideas para clase

Ideas para la explotación en clase de este vídeo:

Este vídeo forma parte de la campaña publicitaria de una escuela de lenguas extranjeras.

Versión clásica: la protagonista del vídeo escribe una carta a sus amigos relatándoles su estancia en Barcelona (práctica de los tiempos de pasado).

Versión tic: la protagonista del videos tuitea/cuenta en facebook lo que va haciendo y aprendiendo en su estancia en Barcelona  (práctica del presente).

Otra idea: pedir a los alumnos que graben un video similar de su ciudad y lo editen añadiéndo las palabras que crean más significativas.

El vídeo me ha recordado a los planteamientos del enfoque léxico y al formato de algunos materiales, como los del manual Bitácora.

Canciones como estímulo y otras ideas para clase

En el libro que estamos usando en clase tocaba ayer la archimanida lección de las tapas y los bares y mientras preparaba la sesión me acordé de una canción de El combo linga en la que se cantan nombres de tapas y raciones y pensé en llevarla a clase. Entonces salieron el angelito bueno y el diablillo travieso a aconsejarme explotaciones didácticas. El angelito bueno me decía que podría preparar una letra con huecos para que anotaran los nombres de algunos de los platos mencionados, pero que mis estudiantes (de A2) no iban a entender nada del texto de la canción y que eso les podría estresar. El diablillo me propuso que no lo planteara como un ejercicio de comprensión auditiva sino como un estímulo a la conversación, me pasó un vídeo de youtube en el que con una sucesión de diapositivas se ponía imagen a cada los platos. Así que le hice caso y  lo llevé a clase (5 minutos antes estuve peleándome con todos los cables del proyector, el portátil y los altavoces). Les dije a mis chicas que escucharan la canción tranquilamente y que se fijaran en las imágenes.

¿Qué plato de los que han salido os gustaría probar?

Volvimos a ver el video, con la letra, y así pudieron identificar por escrito el nombre de las tapas que más les habían llamado la atención.

Ni loca me habría dedicado a explicarles todas las recetas de todas las raciones que se nombran en la canción. Habría salido una lista interminable de alimentos y modos de preparación larguísima e innecesaria. Les expliqué que sólo podían pedir aclaraciones de una de las tapas,así que tenían que escoger una compleja, que no hubieran podido identificar con las imágenes. El resto, si les interesaba, podrían buscarlo en el diccionario en casa.

Y como ya había conectado todos los trastos, aproveché para hacer el visionado de otro video que siempre había querido usar en clase: un fragmento de splunge que sucede en un bar y en el que las frases se terminan con gestos.  El angelito bueno también me había desaconsejado usarlo: hablan muy deprisa, usan formas verbales que todavía no habéis dado. ¿por qué no te buscas un video con un diálogo prefabricado en el que los actores vocalicen bien y a menor velocidad?

Pero, como nos han explicado mil veces, la dificultad debe residir en la tarea, no en el texto. Así que le hice caso al diablillo travieso.

Les pedí a los alumnos que observaran el video. Después de verlo la primera vez (incompleto, lo cortaba antes de la última intervención de Loles León) hablamos de sus primeras impresiones: ¿dónde sucede la historia? ¿cuál es la gracia del sketch? Luego volvimos a ver el video. Los alumnos anotaron qué les pasa o qué es lo que quieren cada uno de los personajes. Después de la puesta en común y de la explicación de todos los gestos, les entregué la transcripción de lo que dice Loles León al final y les pedí que intentasen completar por escrito sus palabras. Y al final lo comprobamos viendo el fragmento que nos faltaba. Nos sirvió para reflexionar sobre algunas estrategias de la comprensión auditiva (audiovisual), sobre la importancia de los gestos y de conocer el contexto en el que se dan lugar las conversaciones. Y hablamos sobre muchas otras cosas más. La clase salió sola. Y cuando suceden cosas así uno se va a su casa más contento.

Desde Tirana mirando a Sol

Desde Tirana, que es la periferia, estamos todos pendientes  de lo que pasa en Madrid y otras ciudades españolas (y sus repercusiones en el resto del mundo). Y cuando digo todos en realidad debería decir los cuatro españoles que andamos por aquí. ¿Quiénes somos? Algunos profesores de español; otros, becarios varios que andan por el mundo buscando una oportunidad de hacer algo; ¿más? gentes que trabajan en organismo españoles y europos; algunos que vinieron por amor… Antes había algunos cooperantes, pero desde que la Agencia de Cooperación española cerró sus oficinas balcánicas estos han sido sustituidos por cooperantes de salón, de los que trabajan en programas  y proyectos con las instituciones locales haciendo informes y (algunos) cobrando sueldos indecentes, pagados “con el dinero de los contribuyentes”. Somos pocos, somos muy heterogéneos, nos conocemos casi todos, quedamos, viajamos, cenamos o bailamos juntos muchas veces.

Observando con mucha envidia lo que pasa en las plazas de nuestras ciudades uno sugirió que nos manifestáramos delante de la embajada (el domingo, hoy, a las 17:00). Entre bromas y veras cada uno dijo lo que opinaba, y mi opinión fue que no, que podía ser muy divertido y muy cachondo hacerse una foto ante la embajada cerrada y ante la mirada de nadie que pudiera comprender (y de nadie en sentido literal, pues en ese momento en esa calle no hay nadie) y luego colgarla en facebook, pero que era una frivolidad tal y como están las cosas por aquí.

El viernes tenía clase con los chicos de segundo ciclo. Es una clase de literatura y cultura y estábamos hablando de poesía. Pero mi clase empezó con el visionado de la Puerta del Sol en streaming. Mis estudiantes, flipando, me preguntaron: ¿qué es eso? Algunos, muy pocos, lo habían visto en la prensa en internet. Les expliqué, les enseñé los twitters, los orígenes, las propuestas… No entendían.

¿Cómo van a entender que la población de un país occidental y de la UE se queje de algo? ¿Cómo que democracia real? ¿Si la democracia española no es real, la albanesa qué es? ¿Acaso no están ellos peor? Me asustó el comentario de uno de mis estudiantes: “¿Y a mí qué me importa lo que pase en España? Sólo me importa lo que pase aquí y lo que me pase a mí”.

Y es verdad que las cosas en Albania van bastante de culo. Hace ya tres semanas se celebraron elecciones locales en el país. Casi dos semanas de recuento de votos después, con bloqueos diversos y recuento de votos de las últimas urnas en directo por la TV, se anunciaron resultados confusos: ganaban unos; luego otros… La ciudad se llenaba de simpatizantes con banderas; todos habían ganado. Al final comunicaron que Edi Rama, alcalde de Tirana en las dos últimas legislaturas y presidente del partido socialista, en la oposición, ganaba al candidato del Partido Demócrata, actualmente en el poder, por 10! votos.

Pero ahí no acabó la cosa. Desde el domingo pasado se espera la resolución definitiva del KQZ, la junta central electoral. Pero esa resolución no llega. Se han puesto a contar los votos de nuevo! ¿Todos? No, sólo los nulos. ¿Los votos nulos se deben contar? ¿No eran nulos? ¿Y por qué se ponen a contarlos? Porque, al parecer, al gobierno no le gusta el resultado… Las puertas del KQZ están blindadas por la policía y unos pocos simpatizantes del PS se arremolinan a la entrada y en las inmediaciones.

La gente está harta. Está harta pero tiene miedo. En enero, en una manifestación convocada por el PS para protestar por los últimos casos de corrupción del gobierno ( y continuación de su serie de protestas desde las elecciones generales de junio de 2009) murieron 4 personas por disparos de los cuerpos de seguridad. ¡¿Cómo no tener miedo?! Pero a la vez, ¡cómo no estar indignado y harto! Harto e indignado de tener unos sueldos miserables mientras pasan ferraris y hummers por las calles; de que suba la factura de la luz; de que sus carreteras y calles estén en mal estado; de tener que pagar de tapadillo a médicos para que te atiendan; del paro y la falta de oportunidades; de ser identificados sólo como mafiosos y corruptos en el resto del mundo; y de sus políticos, sobre todo de sus políticos. ¿Y por qué no se mueven, por qué no reaccionan?

Yo las asambleas las hago todos los días, con esos (y otros muchos) compañeros de viaje heterogéneos que me he ido encontrando por aquí y de los que hablaba al principio. Lo que quiero, lo que me gustaría, es que reaccionen los albaneses, esos que dicen, como mi alumno, “a mí sólo me importa lo que me pase a mí”.

Eso sí, algunas de mis estudiantes, mientras veíamos vídeos del movimiento 15M, comentaban: qué bonitas sus manifestaciones, son como una fiesta, no como las nuestras. Y algunas apuntaron los links para buscarlos. Al final me preguntaron: ¿y les han hecho caso? Yo les dije que hoy eran las elecciones y que si les interesaba el asunto que se informasen. No sé si entenderán.

(Estoy cansada y no voy a poner links, el que quiera profundizar que busque en internet, todo está ahí)

Eso sí, si estuviera en Madrid estaría en Sol, junto a las lechugas y los tomates que plantaron mi hermano y sus amigos el otro día. Siento que me lo estoy perdiendo, por mucho internet que le eche.

Las palabras que faltan

Últimamente he estado leyendo algunos textos sobre el enfoque del léxico en el aprendizaje de lenguas extranjeras y además me ha tocado ocuparme de la traducción al español/revisión de un par de textos para el aprendizaje de albanés. Así que ando dándoles vueltas a estas cuestiones.

De los textos que me han encargado, uno es un manual de esos de “aprenda X sin esfuerzo” y el otro forma parte de una guía de conversación multilingüe.

El manual original que ma ha tocado traducir al español es infumable. Abre con unas páginas de información sobre la lengua (origen, fonética, morfosintaxis) con explicaciones tan irrelevantes como “Las oraciones interrogativas sirven para hacer preguntas” y tan confusas que dudo que quien se moleste en leerlo pudiera entender algo. El resto está montado a partir de pequeños diálogos, estereotipados y artificiales, y de temas tipo “en el restaurante” o “el tiempo libre” y de ejercicios de huecos y de transformación. Cuando le comenté a quien me hizo el encargo que en el manual “se había quedado anticuado”  (por ser educada y no decir que era una mierda) me dijo: Sí, tienes razón, pero es lo que tenemos… Y cuando seguí explicándole que, por ejemplo, no tenía sentido hacer una lección con el título de “en la estación de tren” y diálogos sobre horarios de trenes, andenes, revisores… porque en Albania nadie, pero nadie, viaja en los abandonados trenes postcomunistas me contestó: “Bueno, ya, pero aunque nadie viaje en tren, sí que existe”.  He hecho lo que he podido.

El otro encargo era corregir la parte albanés/español y español/albanés de lo que supongo será una guía de conversación multilingüe (ahora que por fin los albaneses pueden irse de turismo por la UE). Después de echar un ojo a las primeras páginas me di cuenta de que era una traducción cutroncísima del inglés, porque ningún albanés ni español tendría nunca la necesidad de pedir en un bar de Albacete o de Elbasan “peshk me patate”, o sea pescado con patatas, pero sí pedirían “fish and chips” en Stratford-upon-avon. Y porque lo del “boleto/billete redondo” sonaba sospechosamente a “round trip”. La selección de vocabulario y expresiones es tan pobre que, por ejemplo, ningún turista español encontraría en la sección de “restaurante” de su guía cosas tan típicas como el raki (aguardiente) ni los qoftes (especie de filetes rusos alargados  y a la parrilla) o el byrek (un tipo de hojaldre con relleno salado) o al intentar presentarse y repetir la frase del librito recibiría como respuesta caras de “¿pero qué dice este guiri?” porque en vez de decir “quhem filan” (“me llamo fulanito”) diría algo como “mi nombre es…”, que es la traducció literal de “My name is…”, construcción posible en albanés (y en español) pero inusual.

Mis sugerecias esta vez también han caído en saco roto: “Limítate a corregir la ortografía y las palabras masl traducidas, pero no añadas ni quites nada”. Por lo menos he negociado que me paguen un poco- muy poco- más.

Qué cutrez.

Por otra parte, con mis chicas de A1 estuvimos haciendo el otro día repaso de lo que hemos visto con un ejercicio muy práctico: rellenar el perfil de facebook de un personaje que nos estuvimos inventado. Ahí sale todo lo que se debe saber en A1: datos personales, descripción física, uso del presente… Les encantó hablar de facebook en clase (lástima de conexión a internet, que no tenemos, así que lo hicimos en papel) y fue una actividad útil de verdad.

¿ No se trataba de que el alumno (sus necesidades e intereses) fuese el centro del proceso de enseñanza y de que las actividades reprodujeran situaciones de comunicación reales? Este tipo de ejercicios debería estar en los manuales, en las primeras lecciones, y también palabras como “nombre de usuario”, “abrir cuenta”,  “contraseña”…  Otra vez, hablando de lo que llevan en el bolso, mis chicas sacaron otras palabras que no están en los manuales: compresas, pañuelos de papel… Sin embargo en la página 5 del manual que usamos (y que en general no está demasiado mal) salen las palabras tiza (en mi aula la pizarra es de rotulador, pero esta palabra no venía), sacapuntas , regla…

Para terminar, una sugerencia para autores de manuales: En la lección de las conversaciones telefónicas, cambien los diálogos. El de ahora es, mayoritariamente a través del móvil y empieza así: A: ¡Hey, hola! / B: Hola, ¿dónde estás?… Ya no hay Diga ni quién es. Y expliquen como se dice llamada perdida, mensaje, “hazme un cuelguing”…

En clase de A1

Hacía bastante tiempo que no daba clase a “debutantes”. Inicial se dice en albanés “fillestar” y siempre me ha hecho mucha gracia eso de “star”: como la “barbie superstar”, pues el nivel “superstar”. Desvaríos aparte, he aquí la crónica de las impresiones de las dos primeras semanas de curso:

Tengo cuatro alumnas, todas veinteañeras, universitarias y políglotas. Estudian español porque les gusta y porque tienen amigos hispanohablantes (creo que la palabra “amigo”, en estos tiempos de facebook que corren, debería revisarse). En clase me hablan- y se hablan entre ellas- bastante en albanés. Yo les hablo en español todo el tiempo, pero no se me ocurre prohibirles hablar en su lengua, como he escuchado por ahí alguna vez a algún profesor.

Una de ellas estaba preocupada. “¿Cómo vamos a entenderte todo el tiempo en español, si no sabemos?”. Lo primero, pues, hacerles conscientes de lo que ya saben. Y saben mucho porque ven telenovelas, escuchan música en español, saben italiano y francés… Eso ya es saber un montón para empezar. Así que la clásica lección del abedecedario y tal la hacemos a partir de nombres propios en español que conozcan: comidas, bebidas, lugares, políticos, escritores, actores,cantantes, futbolistas. Y así salen el tequila, la cerveza, la tortilla y la paella; Barcelona y Valencia; el Ché Guevara, Fidel Castro y Zapatero; Isabel Allende, García Márquez y Cervantes; Javier Bardem y Penélope Cruz y Julio Iglesias y Enrique Iglesias…

En cuanto les pongo las típicas frases para la clase: ¿Qué significa? ¿Cómo se dice? ¿Cómo se escribe? empiezan a bombardearme a preguntas. Tengo que echar el freno muchas veces, aunque otras muchas reconduzco sus “inquietudes” hacia donde me interesa a mí, pues tampoco es plan de que la clase se convierta en un chorreo de vocabulario inconexo.

Para guiar sus ganas de saber palabras, les pedí que en casa se preparasen como deberes “¿qué hay en tu bolso?”, y que usaran un diccionario para las cosas de las que no sabían el nombre. Y en la clase siguiente salieron algunas palabras que no salen en las primeras lecciones y otras que ni aparecen en los manuales, pero que son las palabras de su mundo: chicle, maquillaje, pintalabios, barra de cacao (protector labial) – las albanesas son muy coquetas y sus bolsos son un pequeño arsenal de perfumería- móvil, pañuelos, “pincho” usb, monedero, compresas… Y además practicaron los números, y la selección de los artículos apropiados (el albanés  se declina, con lo que, de alguna manera, su “artículo” va pospuesto e integrado en el sustantivo, así que tienen que aprender a usar correctamente el artículo determinado/indeterminado). Si llego a conocer esto antes, o esto otro, me había montado una actividad estupenda y les habría encantado! (igual para la semana que viene).

Van deprisa, muy deprisa, mis chicas y quieren ir más deprisa. Recuerdo una vez que un albanés me preguntó que en cuanto tiempo podría aprender español. “Pues…, depende de muchas cosas: del tiempo que le dediques, del interés que le eches…”. La verdad es que no sabía muy bien qué decirle. O eso debía pensar él. “¿En un mes?”, me dijo. “No hombre… un mes es poco”. “¿Poco?”. El tipo estaba indignado. Un mes, para él, que ya habla inglés, griego, italiano y polaco, tenía que ser suficiente.

En la clase de ayer, la tercera que damos, mis alumnas, con lo que traen de serie, rudimentos de la pronunciación y nociones básicas sobre la formación del masculino/femenino y singular/plural, con los modelos de las tres conjugaciones y los verbos ser, estar, tener, ir y saber, fueron capaces de leer un texto, entenderlo, hacerme preguntas y comprender cosas sobre la organización administrativa de España (en el aula hay un mapa enorme con sus comunidades autónomas de colorines), sobre las lenguas- “¿el catalán es un dialecto del español?”, me preguntaban con curiosidad- sobre “¿qué pasa en el País Vasco?”… Y me sabían contestar a mí, cuando les devolvía las preguntas: “¿Y cuántas lenguas se hablan en Albania?, ¿Cuál es el lugar más bonito?”.

Ayer al acabar les dije: “¿Veis la de cosas que sabéis hacer con sólo dos semanas de clase?”. Creo que si se presentaran, después de las 6 horas de clase, al DELE de A1 lo sacaban sin dificultad.

Aprendizaje informal

Llevo la mañana rellenando unos informes que nos han pedido en la facultad sobre la actividad investigadora, de formación e innovación de los profesores del departamento. Se supone que ser profesor en una universidad es más que el hecho de dar clases; que uno sigue formándose, que participa en este o aquel seminario, que participa en grupos de trabajo, que publica artículos… lo que sea. Y se supone que esto se hace por seguir apendiendo, por mejorar la calidad de las clases, por interés en determinados temas… Se supone.

La realidad es que si no les obligaran, la gran mayoría de los profesores no haría nada. La realidad, al menos es así donde estoy ahora- y donde he estado antes-, es que la mayoría de los profesores intentan escaquearse al máximo de todo (los hay incluso que se “fuman” las clases como el estudiante más vago). Y hay muchas razones. La principal es económica: como me pagan dos duros, hago lo mínimo. Pero hay más razones para no hacer nada: desidia, pereza, orgullo, falta de iniciativa de interés o de ideas…

Eso sí, la normativa es así, y hay que rellenar informes con la actividad formadora (esos congresos autoreferenciales donde los profesores leen para sus aburridos colegas con los que toman café a diario lo mismo que han escrito en un powerpoint), de capacitación y mejora de la calidad de enseñanza (con lo que los profesores que no tienen aun doctorados y tal se apuntan a másteres y terceros ciclos, obligados), de publicaciones (esos artículos repetidos y refundidos y con el titulo cambiado en actas de congresos autoreferenciales) y de innovación…

Me hace particularmente gracia que nos pidan una relación de las actividades relacionadas con la “innovación” en una facultad donde la biblioteca lleva cerrada por obras más de un año, donde en la sala multimedia nueva que están montando está todo listo, “menos los cables” desde hace meses- y por lo tanto sigue cerrada-, donde “no hay presupuesto”  ni para tóner de fotocopiadora pero, sobre todo, donde ni siquiera hay calefacción y nos pelamos de frío en invierno

¿Quieres innovación? Cuida tus instalaciones, ten contento a tu personal y a lo mejor, sólo a lo mejor, los profesores y los estudiantes se pondrán a hacer algo más que acudir a clase con desgana.

Y todo esto viene a cuento de que la mayoría de las actividades que estamos intentando mover por aquí tienen que ver con el aprendizaje informal: ¿En qué casilla podemos poner que estamos fomentando la alfabetización digital a través del blog o del grupo de facebook o del wiki? ¿en cuál podemos incluir el trabajo del grupo de teatro? ¿En cuál ponemos que vamos a montar-si finalmente no se “desmotivan” los interesados-un grupo de trabajo sobre el uso de la PDI en clase?

Y de esto me he puesto a pensar ya en mi propia formación. Cuando terminé la tesina me dije a mí misma que no me metería a redactar la tesis, que me quedaría ahí. ¿Por qué? Mi tutora nunca llegó a leerse la versión final – le habían operado de miopía justo en esa época a la pobre- y las profesoras que estuvieron en el tribunal lo único que me dijeron era que “era un tema muy bonito del que nunca habían oído hablar”. Pues muchas gracias. ¿Tres años de cursos de doctorado e investigación para eso? Colgué el texto en internet, lo he seguido retocando y he añadido otras cosas… Ahí está. El tema, efectivamente, es muy bonito y como me interesa sigo investigando (pero a mi bola, sin tutor, sin plazos, sin pagar tasas; y con aportaciones de gentes a las que no conozco pero que comparten mi interés por el tema y con las que me comunico).

Cuando terminé el  Máster me juré que no volvería a pagar por tener ningún título. He aprendido más cosas,infinitamente más cosas, leyendo pr mi cuenta o charlando con colegas que durante los dos años de máster. En ninguna asignatura, ni siquiera en aquellas a las que no les dediqué apenas tiempo, saqué de nota menos de un 8. (¿Alguien suspende alguna vez en un máster?). La memoria de máster la empecé a hacer con una profesora que, harta de que la explotaran, terminó dejando la universidad en la que estaba. Así que me quedé sin tutora antes de terminar la memoria y aunque seguí en contacto con mi “ex” durante todo el proceso, a la hora de evaluarla me asignaron a una “tutora nueva”. Pues qué bien. Me pusieron, eso sí, muy buena nota. (¿Se la leería alguien?). Cuando solicité el título me dijeron que tenía que pagar no sé cuántos euros por la expedición del mismo. ¿Pagar más? No tengo título. Sólo tengo un certificado de notas, que supongo que me valdrá de algo (aunque no estoy segura del todo)

¿Significa esto que he dejado de formarme? A nivel institucional sí. Porque no hay forma de “hacer valer” pertenecer a un grupo de eflexión/discusión on line, ni contribuir en un wiki, ni llevar un blog, ni hacer tus propias actividades, ni cuentan tus lecturas o las horas de discusión con otros colegas alrededor de un café o una cerveza, ni las tertulias a las que asistes… (porque el aprendizaje informal ya existía antes de internet, pero ahora es mucho más evidente, sencillo y colaborativo) Todas esas cosas no caben en un currículum ni en una convocatoria oficial,  no dan puntos. Así que, ¿para qué meterse en “embolaos”?

Tendré que seguir con mis informes.

Pd: Me acaban de pedir que escriba un discurso para que un señor que cobra 10.000 euros al mes diga unas palabras en la ceremonia de clausura de un proyecto. ¿Ja! Que me dé al menos dinero para toner… O un certificado de participación.

Lo que se aprende…

El otro día miraba a M mientras jugueteaba a una especie de liga de fútbol virtual en la que te haces un equipo y según jueguen los jugadores en la vida real recibes más o menos puntos por tu equipo virtual. Y me dio por pensar… “eso lo ha aprendido él solito, sin que nadie se lo enseñe”. Y seguí pensando en la cantidad de cosas que hemos aprendido porque nos han hecho falta o porque nos han interesado, y las hemos aprendido solos, sin profesores, sin cursillos, sin talleres… nos hemos buscado la vida,hemos cacharreado, hemos buscado un tutorial, le hemos pedido ayuda a un colega… Y nadie nos ha puesto nota!

Algo falla en esto del aprendizaje formal. Y entramos en la temporada de exámenes!

(a ver si me leo esto)