Al otro lado del pupitre en el #CEHele6

El otro día me tocó abrir el programa del VI Seminario de formación de profesores de ELE que organiza el Centro de Estudios Hispánicos de Sarajevo, en colaboración con la Filozofski Fakultet, donde doy clases, y la Embajada de España en B-H.  Y no se me ocurrió nada mejor que ponernos a reflexionar sobre cómo hemos aprendido idiomas los que hoy ejercemos como profesores de ELE.

cehele6

[click sobre la imagen o aquí para ir al prezi]

Después de poner un poco de marco propuse a los asistentes dos sencillas metáforas: pensando en sus experiencias como aprendices de lenguas extranjeras en el aula ¿qué animal serías? y ¿qué superpoderes desarrollaste/qué superhéroe serías?

Aunque algunos intentaron llevar la cosa por el lado optimista, la verdad es que lo que más salió fueron tortugas, monos y loros de repetición por una parte y hombres y mujeres invisibles por otra (y algún que otro batman que adquiere herramientas de aprendizaje entre las sombras). Da que pensar, ¿no?

@mariaparrula, positiva como es ella

El taller debería haber terminado, tras hablar de lo que nos gustaba o no nos gustaba como estudiantes en clase de idiomas, viendo si hay alguna correspondencia o coherencia entre cómo éramos y cómo actuamos como docentes. Pero no nos dio tiempo y, en realidad, cada uno sabe en qué tipo de profesor se va convirtiendo con el paso del tiempo, si en el que siempre quiso ser o en el que odiaba; yo solo quería hacer pensar.

La tecnología educativa del futuro pasado

Rebuscando materiales para un curso que estoy preparando he dado con un post donde hacen un repaso por algunas herramientas que, teóricamente, iban a revolucionar la educación del futuro, aparecidas en el recomendable blog Paleofuture.

Every generation has its shiny new technology that’s supposed to change education forever. In the 1920s it was radio books. In the 1930s it was television lectures. Here in the second decade of the 21st century, it seems the Massive Online Open Course (MOOC) is the education tech of tomorrow. (…) We take a look back at 15 technologies that were supposed to radically change the way that people are educated around the world. Some innovations were mostly hype. Others had an undeniably meaningful impact.

Unas eran imaginadas, otras reales: Libros “electrificados” (imaginados por un pintor francés en la primera década del s. XX); cine para “dejar de aprender la historia leyendo sino viendo” o radio-libros (años 20); cursos on line avant la lettre (años 30); clases en discos de vinilo (años 40); la clase personalizada “push-bottom“, donde cada alumno tendría su propio dispositivo electrónico (1958); el  profesor-robot…

Algunas de estas innovaciones eran pura especulación y hasta “postureo”, otras, inventos con un verdadero impacto en la educación. Pero viendo las ilustraciones me llama la atención cómo en esa educacion del futuro imaginado la tecnología domina las aulas. No está muy lejos de lo que veo hoy: las herramientas protagonizando la innoveision en el proceso de enseñanza-aprendizaje, y cursos, cursos de formación para que los profesores, pobrecicos, aprendan a usar esas herramientas…

Sin una (r)evolución metodológica no me parece ningún avance haber pasado de esto:

maxresdefaultA esto:

Provincias de España  1    Mapa Flash interactivo

mapa flash interactivo

Al menos el mapa de la primera imagen lo teníamos que construir nosotros mismos.

Apuntes al natural: aprendizaje en la sopa

Voy a dejar aquí algunos apuntes, sobre los que volveré, seguro, más adelante. Apuntes sobre dos asuntos que me tienen entretenida últimamente: mis clases de bosnio, que además de para aprender la lengua me están sirviendo para reflexionar sobre cómo se enseña una lengua, y el MOOC en el que ando metida, un curso sobre diseño en el que hay matriculadas unas 30.000 personas. (Toma ya!) (MOOC son las siglas de Massive Open Online Course, cursos en línea, masivos y abiertos)

Para unir estas dos experiencias de aprendizaje nada mejor que rescatar esta entrada de Nodosele en la que se hacían eco de un post, que a su vez se hacía eco de otro de G. Siemens, allá por 2010, en el que este expresaba el aburrimiento que le causaba dar vueltas una y otra vez a las mismas cuestiones.

Resumían en Nodosele estas cuestiones sobre las que ya no habría ni que insistir así:

      1. Los estudiantes deben tener el control de su propio aprendizaje. Los educadores podemos guiarlos o ser intermediarios, pero el aprendizaje significativo implica una actividad impulsada por el que aprende.
      2. Los estudiantes necesitan experimentar confusión y caos durante el proceso de aprendizaje. Aclarar(se) ese caos es el objeto del aprendizaje.
      3. La apertura de los contenidos y la interacción aumentan las conexiones aleatorias que impulsan la innovación
      4. El aprendizaje requiere tiempo, pensamiento crítico y reflexión. La ‘ingestión’ de nueva información requiere tiempo para ‘digerirla’.
      5. El aprendizaje es aprendizaje en red. El conocimiento está distribuido.
      6. La creación es vital en el aprendizaje. Los alumnos tienen que crear artefactos para compartir con los demás y para ayudar a dirigir su exploración más allá de los artefactos que el educador les ha proporcionado.
      7. Dar sentido a la complejidad requiere de sistemas sociales y tecnológicos.

Y sin embargo…

Ayer en la clase de bosnio estuvimos durante un buen rato haciéndonos preguntas acerca de la vida de un tal Damir, del que sólo sabíamos lo poco que habíamos leído en un texto de esos de “Damir se levanta, Damir desayuna… Damir algunas veces hace esto o lo otro.” Nadie cuestionaba lo tonto de esa actividad en la que no había un después significativo, ¿por qué? Como alumnos, como estudiantes (que no aprendices), asumimos tranquilamente que el profesor siempre tiene la razón.

Esa tradición educativa la tenemos tan asimilada que incluso en un espacio de aprendizaje como el curso de diseño que estoy haciendo, que desde el principio se ha desmarcado de lo tradicional, muchos estudiantes se sienten decepcionados o perdidos o confusos cuando no hay un profesor, la autoridad, que les diga lo que está bien o está mal.

Design 101  or design basics    YouTube

La primera tarea en este curso fue hacer un test, un quiz, como en toda plataforma de cursos online que se precie. Pero este quiz,o así lo entendí yo, era una manera de cuestionar el valor de este tipo de prácticas. Y fue divertido. Este lunes nos dieron los “resultados” Y se armó la marimorena. Todos “suspensos”. Gente desolada porque había sacado un 4. Gente irritada porque las correcciones “no eran justas”, porque “no eran lógicas”… ¿Quién espera lógica o justicia en un curso así? ? ¿Quién quiere ser evaluado con notas cuando las preguntas son “Qué hizo Sid Vicious cuando acabó de cantar My Way en el Olympia de Paris” o “Para qué crees que sirve este test”?

El curso anda alocadísimo y desbocado, disparado en cinco mil lugares en la red (la propia plataforma, diversos grupos en fb, twitter, instagram, tumblrs, mapas… -seguro que me dejo algo). Alguien lo comparaba con el triángulo de las bermudas, pues la plataforma se ha revelado un lugar poco operativo para que 30.000 personas interactúe y muchos hilos abiertos se perdían en el ciberespacio. Pero esto ha propiciado una especie de brainstorming donde todos, empezando por los alumnos buscaban soluciones. ¿Que no hay forma de ver y comentar de manera ordenada las tareas del curso? Pues montamos un álbum en fb. ¿Que desde el iphone la página no se carga muy bien? Pues toma app para móviles. ¿Que estás enfadado porque no entiendes algo? Un compañero, no tienen por qué ser los tutores, con toda la paciencia del mundo, te lo explican. Este debe ser el caos y la confusión que necesitamos experimentar para aprender.

Yo estoy aprendiendo a aprender en este curso que es como un bol infinito de sopa con picatostes hecha de información, comunicación, emociones, creación. Me divierto, aunque algunas tareas me parezcan un poco cursis y hipsterosas. Y a la vez estoy creando conexiones, y aprendiendo a gestionar y compartir ese aprendizaje dentro de esa sopa con muchas especias (todas las que se puedan conseguir en las cuatro esquinas del mundo, como los participantes del curso). Y luego tendré que digerirla. Cuando la digiera os cuento.

Creo que con la metáfora de la sopa se me ha ido un poco la olla…

Tres experiencias de clase y un prezi

Hoy me ha tocado presentar algunas experiencias de clase con blogs, wikis y redes y sociales en un congreso que se organizaba en la Facultad. La presentación sin el artículo se queda un poco coja, pero como es mi primer prezi lo pongo porque “me llena de orgullo y satisfaciión”. Aprovecho para soltar algunos sapos y culebras sobre este tipo de saraos que en general son un tostón auténtico, aunque a veces haya cositas interesantes como que surjan conversaciones, en los márgenes de cada ponencia sobre todo, o como que los estudiantes, normalmente espectadores pasivos de conferencias y congresos, participen.

He hablado, así, muy por encima, de tres actividades desarrolladas a lo largo del semestre pasado en la asignatura de Comunicación Turística (con su introducción correspodiente sobre la web 2.0, las TIC y las TRIC (Elisa Hergueta me dio la idea), la competencia digital, etc. De las tres actividades que he presentado, una resultó un fiasco, otra se quedó a medias y otra, sorprendentemente, un éxito.

[actualizo (2/07/2012): en las Actas del Congreso se puede leer el texto completo: “EXPERIENCIAS DE AULA: WEB 2.0 EN LA CLASE DE COMUNICACIÓN TURÍSTICA“, en la página 184]

Aprendizaje informal

Llevo la mañana rellenando unos informes que nos han pedido en la facultad sobre la actividad investigadora, de formación e innovación de los profesores del departamento. Se supone que ser profesor en una universidad es más que el hecho de dar clases; que uno sigue formándose, que participa en este o aquel seminario, que participa en grupos de trabajo, que publica artículos… lo que sea. Y se supone que esto se hace por seguir apendiendo, por mejorar la calidad de las clases, por interés en determinados temas… Se supone.

La realidad es que si no les obligaran, la gran mayoría de los profesores no haría nada. La realidad, al menos es así donde estoy ahora- y donde he estado antes-, es que la mayoría de los profesores intentan escaquearse al máximo de todo (los hay incluso que se “fuman” las clases como el estudiante más vago). Y hay muchas razones. La principal es económica: como me pagan dos duros, hago lo mínimo. Pero hay más razones para no hacer nada: desidia, pereza, orgullo, falta de iniciativa de interés o de ideas…

Eso sí, la normativa es así, y hay que rellenar informes con la actividad formadora (esos congresos autoreferenciales donde los profesores leen para sus aburridos colegas con los que toman café a diario lo mismo que han escrito en un powerpoint), de capacitación y mejora de la calidad de enseñanza (con lo que los profesores que no tienen aun doctorados y tal se apuntan a másteres y terceros ciclos, obligados), de publicaciones (esos artículos repetidos y refundidos y con el titulo cambiado en actas de congresos autoreferenciales) y de innovación…

Me hace particularmente gracia que nos pidan una relación de las actividades relacionadas con la “innovación” en una facultad donde la biblioteca lleva cerrada por obras más de un año, donde en la sala multimedia nueva que están montando está todo listo, “menos los cables” desde hace meses- y por lo tanto sigue cerrada-, donde “no hay presupuesto”  ni para tóner de fotocopiadora pero, sobre todo, donde ni siquiera hay calefacción y nos pelamos de frío en invierno

¿Quieres innovación? Cuida tus instalaciones, ten contento a tu personal y a lo mejor, sólo a lo mejor, los profesores y los estudiantes se pondrán a hacer algo más que acudir a clase con desgana.

Y todo esto viene a cuento de que la mayoría de las actividades que estamos intentando mover por aquí tienen que ver con el aprendizaje informal: ¿En qué casilla podemos poner que estamos fomentando la alfabetización digital a través del blog o del grupo de facebook o del wiki? ¿en cuál podemos incluir el trabajo del grupo de teatro? ¿En cuál ponemos que vamos a montar-si finalmente no se “desmotivan” los interesados-un grupo de trabajo sobre el uso de la PDI en clase?

Y de esto me he puesto a pensar ya en mi propia formación. Cuando terminé la tesina me dije a mí misma que no me metería a redactar la tesis, que me quedaría ahí. ¿Por qué? Mi tutora nunca llegó a leerse la versión final – le habían operado de miopía justo en esa época a la pobre- y las profesoras que estuvieron en el tribunal lo único que me dijeron era que “era un tema muy bonito del que nunca habían oído hablar”. Pues muchas gracias. ¿Tres años de cursos de doctorado e investigación para eso? Colgué el texto en internet, lo he seguido retocando y he añadido otras cosas… Ahí está. El tema, efectivamente, es muy bonito y como me interesa sigo investigando (pero a mi bola, sin tutor, sin plazos, sin pagar tasas; y con aportaciones de gentes a las que no conozco pero que comparten mi interés por el tema y con las que me comunico).

Cuando terminé el  Máster me juré que no volvería a pagar por tener ningún título. He aprendido más cosas,infinitamente más cosas, leyendo pr mi cuenta o charlando con colegas que durante los dos años de máster. En ninguna asignatura, ni siquiera en aquellas a las que no les dediqué apenas tiempo, saqué de nota menos de un 8. (¿Alguien suspende alguna vez en un máster?). La memoria de máster la empecé a hacer con una profesora que, harta de que la explotaran, terminó dejando la universidad en la que estaba. Así que me quedé sin tutora antes de terminar la memoria y aunque seguí en contacto con mi “ex” durante todo el proceso, a la hora de evaluarla me asignaron a una “tutora nueva”. Pues qué bien. Me pusieron, eso sí, muy buena nota. (¿Se la leería alguien?). Cuando solicité el título me dijeron que tenía que pagar no sé cuántos euros por la expedición del mismo. ¿Pagar más? No tengo título. Sólo tengo un certificado de notas, que supongo que me valdrá de algo (aunque no estoy segura del todo)

¿Significa esto que he dejado de formarme? A nivel institucional sí. Porque no hay forma de “hacer valer” pertenecer a un grupo de eflexión/discusión on line, ni contribuir en un wiki, ni llevar un blog, ni hacer tus propias actividades, ni cuentan tus lecturas o las horas de discusión con otros colegas alrededor de un café o una cerveza, ni las tertulias a las que asistes… (porque el aprendizaje informal ya existía antes de internet, pero ahora es mucho más evidente, sencillo y colaborativo) Todas esas cosas no caben en un currículum ni en una convocatoria oficial,  no dan puntos. Así que, ¿para qué meterse en “embolaos”?

Tendré que seguir con mis informes.

Pd: Me acaban de pedir que escriba un discurso para que un señor que cobra 10.000 euros al mes diga unas palabras en la ceremonia de clausura de un proyecto. ¿Ja! Que me dé al menos dinero para toner… O un certificado de participación.