En clase de traducción: aprender haciendo

Este semestre me han encalomado una clase de traducción. Del español al albanés. ¿Cómo he terminado liada en este fregao, si mi nivel de albanés alcanza para viajar, entender titulares de prensa y poco más? Pues porque el año pasado estuve animando un pequeño taller de traductores aficionados (Los Traductores Salvajes), del que salió este librito. Y a la jefa del departamento le gustó la idea y me lo propuso, sin opción a decir que no.

Para dejar las cosas claras, el primer día de clase les expliqué la dinámica de las clases: mi papel es el de proponerles los textos, hacerles de “diccionario viviente”, explicarles algo de teoría, guiarles  y, a veces, hacer de árbitro. Cada sesión de clase queda registrada por uno de ellos y su resumen se cuelga en el blog. Empezamos con microcuentos, luego pasamos a relatos más extensos (Borges, Gómez de la Serna, Rafael Dieste) y lo último ha sido traducir cortometrajes (este o este).

Hoy hemos podido ir a la sala de informática y les he enseñado a usar amara.org y hemos subtitulado uno de los cortos. A mitad de la sesión me he dado cuenta de que si yo no estuviese en la clase, los chicos habrían trabajado igual (exagero, pero no mucho). Todo lo hacían ellos. Una se encargaba de teclear la traducción dictada por una compañera,  en un documento de google drive (en un ordenador conectado a un proyector). El resto revisaba la traducción propuesta, hacía sugerencias, controlaba las erratas…

7 35 de la mañana corto with subtitles   Amara

Esto debe ser lo de que el alumno es el “protagonista del aprendizaje” y lo de “aprender haciendo”.

Ayer fui al cine por primera vez

Eso no significa que no hubiera ido al cine en los casi dos anos que llevo aqui.
Entre semanas de cine organizadas por las distintas embajadas o centros culturales, el TIFF (festival de cine de Tirana), los jueves de cine del Marubi y las peliculas que por h o por b proyectan en algun garito o asociacion se ha ido calmando el hambre de cine. Lo que no habia hecho hasta hace dos dias, es decidir, porque si, una tarde cualquiera, que me apetecia ir al cine, ir hasta alli, comprar mi entrada y acomodarme en la butaca en una sala de cine normal.
Era un cine nuevo que abrieron hace poco en las entranas de un centro Comercial cerca de mi casa. Por alguna extrana razon, en lugar de las habituales peliculas americanas que se programan en las otras dos salas de cine de la ciudad (transformers, transformers 2, la ultima comedia estupida para adolescentes…), ponian una pelicula francesa: Instinct de mort, y alla que nos fuimos a pasar la tarde y a conjurar el calor que hace en esta Tirana de fin de curso. La sesion empezaba a las 8:30. Cuando llegamos, la chica de la taquilla nos miro con el gesto torcido y tambien su companero acomodador y el chico encargado de la proyeccion. Por que? En seguida nos dimos cuenta. Eramos los unicos espectadores!!!
Nadie va al cine en Tirana, por dejadez, por falta de costumbre, por falta de buenas peliculas, porque en la tele (por satelite, claro) hay una oferta infinita de cine de todo tipo… no hay una razon unica…
Asi que nos pusimos a fantasear en un proyecto de la sala de cine con la universidad de lenguas extranjeras de Tirana para dedicar uno o dos dias entre semana a programar peliculas para los estudiantes (un poco de neorrealismo italiano, de berlanga o Bunuel, de nouvelle vague, de cine ruso, de adaptaciones de Shakespeare…). El cine es un arte, (el septimo!, poetico, narrativo, estetico, publicitario…) y una fuente riquisima para los estudiantes de idiomas para conocer la lengua y la cultura ( y su historia, y su literatura) que estan aprendiendo. Si nuestros estudiantes no van al cine, quien lo hara?

    cine

Nos sentamos en la fila y en los asientos centrales y disfrutamos de la proyeccion, con el aire acondicionado a toda pastilla. Al salir, el centro comercial estaba desierto. Un guardia de seguridad nos acompano a traves del parking a una de las salidas de emergencia y desembocamos, como recien aterrizados en el planeta tierra tras una induccion extraterrestre, en la calle, frente a una terraza atestada de gente tomando cafe, como todas las tardes.

Cronica albanesa 1: Bunuel en Tirana

Bueno, como se ve por la ausencia de acentos, escribo desde Tirana. Llevo ya tres o cuatro dias aqui. Hoy es el fin del Ramadan y es fiesta, pero es una celebracion familiar, no se nota naa por la calle, de no ser que la ciudad esta mas tranquila.

Que puedo contar, asi, a bote pronto? Las primeras impresiones son siempre enganosas, supongo que necesito mas tiempo. De momento tengo los ojos y los oidos bien abiertos. “No se cansa el ojo de ver…”, como dice mi padre. Ya llegara el tiempo de asimilar.

Y si, la ciudad es como me la imaginaba, mas o menos: bloques pintados de colores, casas de ladrillos como sin terminar, viejetes con sombrero sentados en las plazuelillas jugando al domino, jovenes ejecutivos (y jovenas) esquivando los charcos para no mancharse de barro los zapatos relucientes, trafico caotico pero aun asi gente en bicicleta (de nuevo, sobre todo, viejetes). Y la luz yendo y viniendo, y el ruido de los generadores de los negocios y los cafes.

Ayer por la tarde fuimos al Marubi, la escuela de cine, un poco lejos del centro, donde cada jueves funciona una especie de filmoteca. La programacion: El perro andaluz y La edad de oro.

Bienvenida.

Cine en el solar

Una de las cosas que más me gusta del verano es calzarme las sandalias (adios calcetines hasta mitad de septiembre!!). También se inaugura la temporada de cenas en el parque, de noches en la calle y de cine de verano, como el de anoche, en el festival de cine de lavapiés. La película era Cabeza de Perro, una extraña y hermosa historia de un chico que “tiene ausencias”- así llama a sus crisis medio epilépticas. Me pareció que eran varias películas en una y me recordó a ratos a la Ciencia del Sueño y a ratos a otras que a lo mejor sólo están en mi imaginación. El camión de la basura pasando por la estrechita y empinada calle Olivar nos dejaba de vez en cuando sin poder escuchar alguna frase.

También pusieron un corto curioso que desató carcajadas entre el personal que os dejo aquí:

festival del horror

No sé quién me manda a mí ir a ver estas películas, si el otro día dejaba escrito aquí la horrible sensación del ver la pesadilla de Darwin, al día siguiente fui a ver Invierno en Bagdag, un documental de Javier Corcuera sobre la guerra en irak, con personajes que nos van contando sus vidas. Yo me preguntaba viéndola si seguirán todos con vida, los cuatro chavalillos que se reunen en el puente, la niña que escribía poesías y que le decía a su madre con una sonrisa “yo no me pienso casar”, la maestra, el hombre del café, la madre del hospital, el doctor, el de la ambulancia… Los periódicos de hoy hablaban de nuevos ataques norteamericanos y el rumor de la inminente “guerra civil”. Y de Irán… ¿Cuántas guerras más en ese rincón del mundo?
Y a la salida nos preguntábamos ¿por qué nos torturamos así? Tal vez todo el mundo debería ver estas cosas y se nos acabarían las tonterías, o tal vez no debería verlo nadie, porque no deberían ocurrir.