Despedidas en estos días lluviosos

Llueve en Tirana y, aunque aquí no sufrimos exageradamente los horrores pre navideños, no nos libramos- sarna con gusto no pica- de las cenas y fiestas de despedidas “hasta el año que viene” o “hasta que nuestros caminos se vuelvan a cruzar”. La pequeña familia que uno forma cuando está lejos de casa, de amigos albaneses y otros “expats”, como dicen en inglés, está en continuo movimiento, adoptando y despidiendo a nuevos y viejos miembros.  Las becas, los contratos de prácticas, los proyectos… se acaban y uno tiene que hacer las maletas, recoger o subastar las cosas que ha acumulado para no volver con sobrepeso y volver a tirar los dados para encontar un nuevo destino donde anidar, como pájaros que migran.

Las Martas se van y las vamos a echar mucho de menos. Y el jueves, a casa.

El Lana, el arroyo sucio que atraviesa Tirana, baja crecido y revuelto.

Sé que estáis ahí…

Sé que estáis ahí. Habéis llegado a estos Mundos Periféricos por caminos distintos y leéis lo que escribo, mis desvaríos y sucedidos. El Joven Cooperante, y la Pili, y la Mañas, y el “señor Cobros” y Marta…, expatriados todos (cómo suena la palabra!), haciendo una especie de pequeña familia lejos de casa, como anoche, cenando spaghetis.
Los lugares no son bonitos ni feos de por sí. Uno puede estar en la ciudad más bonita del mundo y morirse de asco. Los sitios son la gente que conoces en ellos. Y parece que la suerte me va sonriendo allá donde voy porque en cada uno de los destinos en los que me ha tocado vivir hasta ahora he dado con gente que merece la pena y que hacen que las ciudades grises sean de colores y que las ciudades de colores brillen más (bueno, qué cursi estoy).
Y conocer también a Nasta, a Serxho, a Blerta, a Marin y Gezim y el resto de la pandilla… es una suerte y un privilegio.
Sólo algunos os habéis atrevido a dejar constancia de vuestras visitas, pero sé que estáis ahí.
Besos para todos.