Sucedidos que parecen argumentos de novelas

Una de las cosas en las que ando pensando últimamente es en cómo la gente va hilando las historias que cuenta. Me parece que uno se retrata al hablar. Hay personas que cuentan estupendamente, que se alargan en anécdotas mínimas pero añaden detalles suculentos y divertidos, y no te cansas de escucharlos. Y hay personas que se lían y dan detalles inútiles y hablan de personas y lugares que uno no ha oído mentar, pensando que son universalmente conocidos, aburriendo al personal con historias insulsas. Hay quien va al grano. hay quien divaga tanto que, sin querer, invita a desconectar al interlocutor. Hay quien cuenta de manera cronológica o quien anticipa, rebobina, crea suspense. Los hay que hablan para sí mismos, por el placer de escucharse. Los hay que narran a dos voces (sobre todo las parejas)…

Así que mientras los amigos hablan alrededor de unas cervezas o durante una cena, además de prestar atención a lo que dicen, me voy fijando en cómo van construyendo sus discursos.

Me pasa también esto con las novelas, y con las películas. Me interesa casi tanto lo que me cuentan como el cómo lo cuentan.

Últimamente me están contando unas historias tan rocambolescas que parecen argumentos de novelas (o de películas).

La madre de un amigo allá por los 70, con menos de veinte años, se fue a Alemania a trabajar, como tantos otros españoles de su generación, y se echó un novio. Hasta ahí todo bien, normal. Lo bizarro es que el novio era de Indonesia!! Y llegaron a estar prometidos! Él viajó al pueblo de León del que ella era originaria, a pedir su mano, y a su vez, ella también viajó a Indonesia, a conocer a la familia de él antes de la boda. Pero no lo gustó lo que vio (se pasó los días encerrada con el resto de las mujeres de la casa, con las que, además, apenas podía comunicarse), se olió lo que le esperaba y rompió el compromiso. De vuelta a España, y sin ninguna gana de quedarse en la aldea, como le animaban sus familiares- tienes que dejar de dar vueltas por el mundo y sentar la cabeza-, convenció a los jefes de la empresa en la que trabajaba para que la mandaran a Londres a aprender inglés. Y allá que se fue. Tuvo otro novio, esta vez japonés. Pero ya había tenido bastantes choques culturales. Un día, en Portobello Road conoció al que sería su marido: un viajante que vendía pantalones de tergal, español.  La historia, y sobre todo su protagonista, tan echá p’alante en el contexto de la gris españa de la época, es estupenda.

Escuchada, la historia gana muchísimo más.

[Tenía esto en el borrador de las entradas desde hace más de un mes. He pasado por aquí a quitarle el polvo al blog. El verano toca a su fin…]

2 pensamientos en “Sucedidos que parecen argumentos de novelas

  1. Hola, Enrique, bienvenido a los Mundos Periféricos. Si, por mucho que se empeñen los defensores de la lengua, la mayoría de las veces que se emplea en la actualidad la palabra bizarro se hace “mal”, ¿no será que ha adquirido o está adquiriendo un significado nuevo? Puede ser un calco, un extranjerismo, como lo quieras llamar. ¿Has oído hablar del cambio semántico? Desde Lope, Cervantes o Quevedo hasta hoy ha pasado mucha agua debajo del puente y la lengua no ha dejado de cambiar, ni dejará de cambiar nunca, a pesar de que nos pongamos puristas. Así que yo no diría que es un error sino un uso creativo, se ponga la rae o el panhispánico de dudas como se ponga. Yo tenía un profesor de lengua en el colegio que nos decía que la lengua la hace el uso.
    Otro saludo para ti y gracias por comentar.

  2. Hola

    He caído por casualidad aquí a través del blog de una amiga y he de decir que, después de leer varias entradas, me parece un blog interesante y entretenido de leer. Dejo una nota no obstante por la sorpresa que me ha causado el error de uso del término “bizarro” en este texto, sobre todo teniendo en cuenta que eres profesora de español para extranjeros y de literatura (lo siento, pero más delito aún si cabe). Bizarro en español se refiere a alguien (o alguna acción) “valiente, gallarda, esforzada”, nada que ver con extravagante, que es a lo que se refiere el término “bizarre” que emplean los ingleses y que últimamente se ha puesto de moda traducir literalmente sin atender al cambio de significado. Puede parecer un error menor, pero prueba a leer a Lope, Cervantes o Quevedo y cambia el significado… el resultado no sé si será extravagante, pero surrealista seguro que sí.
    Un saludo

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