Síndrome PostDELE I

Una de las cosas curiosas de participar en el tribunal de  los exámenes orales (en este caso para conseguir el Diploma de español, conocido como DELE) es que, de manera indirecta,  a través de quienes se presentan, puedes tener una especie de panorama de la sociedad (de sus costumbres, sus ideas, sus anhelos, sus inquietudes), o al menos de un sector de esa sociedad. Eso me ha pasado este fin de semana.

En Tirana no hay Instituto Cervantes pero nos ocupamos de los DELES unos cuantos profesores de español, albaneses y españoles, a través de la asociación cultural Casa de España en Tirana. Hace apenas unas horas que terminamos todo, burocracias y gestiones administrativas incluidas.

Han pasado por las pruebas una treintena de albaneses, casi todo chicas, algunas muy jóvenes, de 14 años, por ese empeño de los padres de clase media-alta de apuntar a sus hijos a mil extraescolares y hacerles competir para conseguir diplomas o títulos que ellos no pudieron tener y que sus niñas no necesitan (tan pronto).

Este es, a grandes rasgos, el perfil del albanés que se presenta al DELE: mujer, entre 16 y 28 años, conocedora de al menos otras dos lenguas extranjeras (italiano e inglés sobre todo) y en muchos casos autodidacta (vivan las telenovelas); ámbito urbano; nivel de estudios altos o intención de seguirlos;  posición económica acomodada (al menos el entorno familiar directo).

Escuchando durante horas a estas chicas hablando de sí mismas (A1), describiendo fotografías (A2), simulando conversaciones telefónicas  y explicando historietas (B1) o desarrollando temas como “un lugar para vivir” o “los medios de comunicación” (B2) uno termina conociendo a los albaneses un poco más y comprendiendo lo conservadora que es aun esta gente en cuestiones, por ejemplo, de género; lo ansiosos que están por abrazar “la modernidad”; el impacto que van dejando en estas jóvenes los modelos de la sociedad de consumo, de la que tan lejos vivió su país no hace tanto; la enorme distancia que existe entre quienes me hablan y la chica que vende bureks (una especie de hojaldre relleno de queso o espinacas) en el puesto de la esquina o, sin ponernos sentimentales, sus propios padres…

Durante los exámenes orales he estado pensando en cosas como estas: ¿por qué ante la viñeta en la que aparece una mujer sentada en un despacho estas chicas sólo veían una secretaria- que tenía, obviamente, un jefe varón- y no veían nunca una directiva, o una abogada o una empresaria?; o ¿por qué se quedaban alucinadas en esa misma historieta cuando “el marido” aparece cocinando?

“Los maridos no cocinan”, me soltaba una chiquilla de no más de 17 años, pizpireta y risueña, con todo su desparjajo, y que había elegido como tema para desarrollar “Las compras”. Yo no he podido evitar decirle: “Cómo que los hombre no cocinan? Mi padre cocina estupendamente…”

Esta claro que en exámenes como este se trata de evaluar la competencia comunicativa de los candidatos, no las creencias o la ideología, pero ¿se puede evaluar tan asépticamente? ¿Las opiniones que expresan los candidatos interferirán en algo en los resultados?

Recuerdo que una vez en Bucarest examinamos a un chico que era militar. Hablaba español estupendamente pero nos soltó unos comentarios racistas sobre “los moros” con los que había tenido la “desgracia” de convivir en unas maniobras que nos dejaron sin palabras. Cuando salió apenas discutimos sobre su calificación sino sobre lo alucinados que nos habíamos quedado y la cara de póker que tuvo que poner mi compañero en el momento. Y es que si esa especie de autocensura de lo políticamente correcto que se presupone (quién lo presupone?) en un contexto formal no está asumida, puedes esperarte cualquier cosa.

Por otra parte, ¿qué tipo de imagen (de España? de Europa? del mundo hispano?)  transmiten los textos o las fotos que se utilizan como estímulos para desarrollar las distintas pruebas?

En los exámenes B1  y B2, que todavía no se han cambiado, se siguen usando desde hace una década los mismos temas para preparar la exposición oral y los mismos materiales gráficos. Ya he comentado alguna vez en este blog la dificultad de algunos examinados para interpretar esas horribles historietas, que deben explicar y describir. Si no se comprende el lenguaje del cómic, mal podrá superarse con éxito esta tarea. Lo mismo si los modelos culturales o los clichés sociales/contexuales que se proponen no se comparten.

En los nuevos formatos del resto de niveles se intenta presentar temas “más actuales” o “más atractivos” pero ¿qué puede saber, por ejemplo, de los “neo-rurales” una veinteañera albanesa? Y con los mismos materiales que usan mis jóvenes albanesas, se examinan jóvenes chinos o canadienses, brasileños o indios. Señores encargados de estos asuntos, creo que habría que hacer un esfuerzo por diseñar materiales con una perspectiva (más) intercultural .

(sobre los DELEs, habrá más)

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