Para qué sirve un profesor de idiomas.

Tenía esta entrada entre los borradores del blog pero leyendo este post de jramonele sobre aprendizaje informal y aprendizaje formal y sus comentarios me he decidido a darle una vuelta más.

Dice ibilbidea en los comentarios: “¿por qué nos pagan los estudiantes? ¿Qué les podemos ofrecer nosotros que no puedan conseguir por si mismos?”

Ando pensando últimamente que la mayoría de las lenguas que hablo, mejor o peor, las he aprendido sin profesor (salvo el inglés, en el cole y el instituto, que casi podía haberme ahorrado), por placer, por necesidad, de oídas, leyendo, aprendiendo canciones, viendo series o películas, en contacto con sus hablantes, con curiosidad, con esfuerzo… Y muchos de los extranjeros que hablan español que he conocido por esos mundos  también han sido autodidactas. Y algunos con resultados envidiables.

Así que también ando preguntándome para qué nos buscamos clases de esto o de lo otro (no sólo de idiomas) cuando podemos aprender lo que sea (ojo, no hablo de la enseñanza obligatoria, porque eso es otra historia, ni de las clases extraescolares a las que los padres apuntan a sus retoños; me refiero a aprendizajes “adultos” o voluntarios) por nuestra cuenta.

¿Por qué pagamos inscripciones- a veces bien caras- y retorcemos o sobrecargamos nuestros horarios? Hoy en día, el que quiere aprender algo, además de preguntar a sus conocidos o visitar una biblioteca, tiene en la red el mejor aliado. Contenidos y personal dispuesto a echar una mano están ahí, al alcance de cualquiera con conexión a internet e interés.

Entonces, ¿qué añadido/atractivo/aliciente tiene asistir a una clase?

La respuesta más lógica es que el profesor (el que sabe lo que tú quieres aprender, el experto) hace el “trabajo sucio”: se preocupa de dosificar el “qué” enseñar  y de pensar en el “cómo” enseñarlo; busca los materiales, pone los ejemplos… pero, sobre todo, obliga. Ahí está el quid. Somos vagos y necesitamos sentirnos obligados.

Por eso la gente se apunta al gimnasio, por ejemplo. Para hacer deporte o ponerse en forma bastaría con salir a la calle a correr o jugar al baloncesto con los amigos. Pero claro, nadie te obliga. No has pagado matrícula. No te regaña nadie si no haces los deberes…

Si el profesor, además, es guapo, majo o gracioso, encima te lo pasas bien.

Otro añadido de aprender con profesor: conoces gente. Esto puede ser bueno o malo.  Depende del azar. Nada nos garantiza que nuestros compañeros en clase vayan a caernos bien, o que sean simpáticos o interesantes. Lo único que hay, en principio, en común es el deseo de aprender una lengua concreta.

Pero en el proceso de aprendizaje en sí mismo estamos solos. Podemos tener la mejor explicación posible, el ambiente más propicio, el profesor mejor preparado pero si en clase pasamos de las explicaciones, si no ponemos a funcionar nuestras neuronas, si no relacionamos lo que nos están contando con lo que sabemos ya o queremos saber, si no hacemos hipótesis y las verificamos, no hay tu tía.

Yo he sido muy mala alumna en mis clases de idiomas, la verdad. Me he aburrido mucho. Paradójicamente soy profesora (de español). Y todo esto me obliga a pensar en cómo no defraudar a los que se sientan unas cuantas horas a la semana a escucharme, atenderme y a hacerme caso.

4 pensamientos en “Para qué sirve un profesor de idiomas.

    • Sí, es verdad, estuve haciendo limpieza de categorías en el blog y el reader ha interpretado que se trata posts nuevos. Cosas de la tecnología.

      Buff, ya ni me acordaba de haber escrito ese post que mencionas, Isa. Es cierto, me parece importante tener claro que no siempre lo que intentamos enseñar es lo que los estudiantes aprendes. Igual que hablamos del “lost in translation” podríamos hablar de una especie de “lost in teaching”, ¿no te parece? O igual sería un “lost in learning”.

  1. Hola Iñaki, lo del acto de aprendizaje como ritual es un enfoque interesante. Es verdad además que los adultos reproducen los comportamientos de los tiempos escolares y es cuando se convierten de nuevo en alumnos.
    Otro abrazo para ti (este post lleva hoy más de ochenta visitas!, gracias por republicarlo).

  2. Muy interesante tu reflexión, Isa. Es cierto que el profesor nos da un buen empujón y fortalece nuestra disciplina, además de ahorrarnos el trabajo sucio, como tú lo llamas. Y yo añadiría que ritualiza el acto de aprendizaje. Desde niños aprendemos en clase y de mayores buscamos repetir ese ritual, ¿no te parece?
    Lo de la fuerza del grupo también me parece clave. Compartir una actividad con gente con la que hay sintonía lo hace todo mucho más fácil.
    Te republico en el Facebook de Difusión para darle mejor difusión -valga la redundancia- a tu post. Seguro que a muchos profes les interesa este post.
    ¡Un abrazo!

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