Castillos en el aire

Una no puede evitarlo. Por más que sepa que las cosas son como son no puede evitar hacerse ilusiones y, a pesar de haber mantenido los pies en el suelo – o al menos intentarlo-, la cabeza vuela y sueña con apartamentos en Río de Janeiro desde los que se ve el mar y el Pan de Azúcar; o con pedalear por las calles de Pekín camino del trabajo; o con los olores y los colores de Nueva Delhi al salir de clase… Pero no ha colado. Este año.

Mis experiencias anteriores con los procesos de selección del Instituto Cervantes ya habían salido a colación en estos mundos periféricos. Este año lo he flipado.

Primero, por entrar en la lista de los afortunados que hacían el examen escrito. Organizo mi “huída” tiranesa de la mejor manera posible, dejando encargos y marrones sin concluir de la universidad a varios colegas. Busco billete, hago la maleta y vuelo a Madrid. En el avión cojo distraída la revista de Alitalia para echar un vistazo. En la portada, en mayúsculas, pone BIC: Brasil, India, China, países emergentes.

Al día siguiente, bien de mañana, en el autobús de camino a Alcalá de Henares, pienso en lo extrañamente ligado que está mi destino laboral con esta ciudad, donde estuve trabajando hace unos años en el paréntesis entre Rumanía y Albania.

Somos unas sesenta personas; no conozco a nadie; algunos me suenan de cara, este mundillo es pequeño pero no logro situarlos. Primera prueba, dos temas a elegir: La gramática en los enfoques comunicativos y Variedades del español. No me he preparado nada y opto por el primero, puedo contar más cosas y evitar el blablabla-rellena-exámenes del otro tema. Organizo un poco las ideas y me pongo a escribir. Me sorprendo de mi letra y de lo que me está costando escribir a mano. Entrego el examen y salgo a fumar un cigarrito.

A los que fumamos nos es fácil socializar. En el corrillo en el que echamos humo hay gente que viene de las cuatro esquinas del mundo, todos en situaciones parecidas a la mía, con prisas y billetes de última hora. Algunos ya se han presentado otras veces, se saludan, se preguntan por sus vidas, se comenta el examen…

La segunda prueba es un comentario de texto que hablaba sobre la gestión del autoaprendizaje y de la labor del profesor en ese proceso. Hago lo que puedo, parafraseo y le saco punta a algunas ideas del texto. No estoy muy contenta. Mi letra empeora a medida que pasan las horas. Presiento que en la siguiente prueba lo que escriba será ilegible.

Yo no tengo el Plan Curricular del I.C. y en la última prueba, la de diseñar una secuencia didáctica, es recomendable tenerlo a mano para elegir objetivos, contenidos, etc. Afortunadamente mi compañero de la derecha opta por el nivel C1 y me presta amablemente el tomo B1-B2. Hay que pensar en una clase de hora media en la que se trabaje alrededor de este objetivo: comprender una carta o mensaje electrónico y reaccionar con un texto en el que se comenten experiencias personales. Yo me monto una clase a partir de la idea de mudarse a otro país; defino el grupo meta, el momento del curso, los objetivos y contenidos, las actividades, las destrezas… a la hora de la evaluación ya estoy machacada y decido ventilarme lo que queda con pocos rollos.

No tengo ninguna esperanza, ni he estudiado nada, ni me he preparado, ni conocía bien el tipo de pruebas. Pero, pienso, al año que viene saldrá mejor.

Sigo flipando al ver las notas que me han puesto y que me sitúan la sexta de la lista antes de la entrevista.

– Ya verás cómo te lo sacas.

– Que no, que no, que falta la entrevista, que es el 40% de la nota final, que es muy difícil sacarse esto a la primera…

Pero la cabeza no para de darle al runrún. Llega el día de la entrevista, esta vez en la sede del Cervantes, en la Calle Barquillo. Voy caminando desde casa. Brasil, China, Japón, la India… Decido que es mejor dejar de pensar. Mientras espero en un hall llega otro de los candidatos; curiosamente habíamos echado un cigarrito juntos el día del examen. Charlamos de mil cosas, poco sobre el examen. Nos saluda Jesús Quintero educamente al pasar por delante. Me llaman. La entrevista es en el sexto piso del edificio y en el ascensor me siento el superagente 86. Hay cuatro mujeres sentadas en la sala, que pertenecen a distintos departamentos. Saludo, me siento con ellas. Hablamos sobre mi curriculum, mi experiencia en Albania; me preguntan por qué he puesto Río en primer lugar; por qué no he solicitado la plaza en Alburquerque; me piden que me califique de uno a diez en una serie de cuestiones (esfuerzo; puntualidad; organización; empatía; resolución de conflictos…); me preguntan que qué es para mí que el alumno sea el centro del aprendizaje, en el aula y fuera de ella; les hablo de cómo valoro e incorporo a las clases los intereses de los estudiantes , les cuento algunas experiencias de clase (del blog, del facebook); me preguntan si tengo alguna duda. ¿Sobre el Cervantes? Ninguna, y todas. Les pregunto sobre los dos centros más recientes, el de Nueva Delhi y el de Shangai. Les digo que me interesa conocer el AVE. Me preguntan que cuáles son mis planes si no consigo la plaza. Pues… seguir con mi vida. Volver a Tirana, donde todavía hay mucha tela que cortar. Todo cordial. No ha durado mucho. En estos casos uno no sabe si ha contestado bien o mal; si es bueno no tener abuela o es mejor ser modosito; si hay que impresionar con datos o es mejor no ir “de sobrao”; y con los nervios normales de cualquier interrogatorio, inevitable meterse en embolados retóricos. Pero ya está. Me voy a desayunar con unos amigos. Sólo hay que esperar. Sigo repitiéndome que no hay que hacerse ilusiones. La cabeza continua con su runrún. Brasil, China, Japón, la India…

La lista provisional de adjudicaciones me deja de piedra: ¡No estoy! Mi nombre no figura ni entre los de los que han conseguido las plazas (cosa que esperaba, a pesar del runrún y de las esperanzas de mi madre, que me quiere mucho), ni en la lista de la bolsa de trabajo. ¿No me merezco ni un cinco por la entrevista? ¿Me han puesto un cero? No entiendo nada. He mandado un email para que me digan mi nota.

No sé si me contestarán*. Uno ha oído tantas cosas, le han contado tantos casos, ha leído tantas historias Pero es que es todo tan competitivo, tan oscuro, tan subjetivo. Y tan solitario. No sé ni cómo se llamaban los candidatos con los que estuve charlando, ni hubo lugar para preguntar cómo les había ido, comentar las impresiones tras las entrevistas, darnos consejos. , desearnos suerte… Antes de las pruebas escritas nos explicaban minuciosamente los criterios de evaluación: contenido, adecuación, posturas críticas, aportaciones personales, conexión con experiencias en el aula… Sobre la entrevista, todo es opaco y secreto. ¿Alguien que haya pasado por este proceso quiere iluminarnos?

Enhorabuena a los premiados.

Brasil, China, Japón, la India… Albania!

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* [ACTUALIZACIÓN] Esta es la respuesta del I.C a mi reclamación:

En respuesta a su consulta indicarle que, los miembros de la Comisión de Selección en la fase de entrevista valoran la adecuación del candidato al puesto de trabajo convocado, su iniciativa y su capacidad de organización, así como la voluntad para integrarse en un proyecto de difusión y consolidación de la lengua y cultura españolas. Por otro lado, se tienen en cuenta también los conocimientos técnicos, su experiencia profesional, la competencia lingüística y las competencias personales del candidato para asumir las funciones del puesto de profesor. En su caso, la puntuación obtenida en esta fase es de 4,75 puntos y como viene recogido en las bases de la convocatoria es necesario obtener una puntuación mínima de 5 puntos para superarla.

O sea, los criterios de evaluación de la entrevista siguen siendo oscuros. ¿Otra vez tienen en cuenta los conocimientos, la experiencia laboral y los idiomas? ¿Eso no lo habían valorado ya en las otras fases? ¿Cómo se mide la voluntad de integración en un proyecto de difusión y consolidación de la lengua…? Yo voluntad tengo mucha… En fin. Al año que viene más.

14 pensamientos en “Castillos en el aire

  1. Hola Isabel! He leído tu blog porque alguien ha puesto tu link en el trastero. Me parece muy interesante todo lo que cuentas. A mí siempre me consuelan diciéndome que hay crisis, que la cosa está muy mal en toda España, que no nos podemos quejar, que lo siga intentando… Pero lo cierto es que la vida del profe no es fácil y trabajamos muy duro y no está para nada reconocido. También he vivido de cerca enchufismos cervantinos pero conozco gente muy válida también que se ha sacado una plaza porque lo vale. Así que no nos desanimemos. Que el que la sigue la consigue. Lo único que no está en nuestras manos es el número de plazas que salen (cada año menos) y además, con el cambio de gobierno hay rumores de todo tipo… yo no sé, de verdad…
    Espero conocerte el año que viene en el examen del IC (para mí va a ser la tercera vez que me presento) eso si salen plazas.
    ánimos

  2. (respondo un poco tarde, por la desconexión veraniega) Gracias Emilio, aunque exageras. Yo tampoco lo entiendo. Suena a puntuación recalculada. Si me hubieran puesto algo más habría sacado una de las plazas. Pero no pasa ná.
    Al año que viene, porque yo no me rindo, me pondré un traje de chaqueta y corbata y me aprenderé párrafos enteros del MCERL y del PCIC en latín, griego y arameo.

  3. ¿4, 75? No lo entiendo. Lo que está claro es que el Cervantes se pierde un año más a una de las mejores profesionales que hay en la enseñanza de ELE. Sería un privilegio tenerte de compañera en el Instituto.

  4. Te entiendo perfectamente.
    De este proceso en concreto puedo decir que una de las personas que fue a la misma oposición que tú ya sabía de antemano, antes de la opo, que le iban a dar una plaza. Es más, sin haber dado clase de español nunca, le dieron una grandísima notaza en la unidad didáctica. Increíble pero cierto.
    Es vox populi entre los que estamos en este mundillo que las cosas funcionan así.

    No creo que la expresión de tu decepción sea rabieta.

    Por lo demás, ánimo, probablemente tendrás más méritos y verás la recompensa de ellos en otras esferas. La gente que vale mucho acaba demostrándolo aquí, allí y donde sea.

  5. No me gusta entrar en estos debates, pero viendo el último comentario, no me gustaría que se cerrara el debate así. No creo que sea de cobardes expresar la desilusión personal después de pasar por un sistema de selección de una institución que además nunca (desde sus orígenes) ha sido, es ni será claro ni objetivo 100%, solo es suficiente darse un paseo por Internet para ver que no es así.
    Muchas instituciones en estos procesos juegan con la ilusión de muchas personas y me parece una valentía expresar esa desilusión públicamente en los términos en los que los ha expresado Isabel, porque puede ayudar a otros compañeros.
    Sobre las tres veces cobarde:
    No se trata de rabieta (empezando por la última) en la que se asume, en este caso Isabel (a quien no conozco) de decir que la plaza era suya, ella solo habla de su ilusión y cómo ha vivido el proceso y cómo se quedó cuando no estaba ni siquiera aprobada en la entrevista. No he visto en su mensaje ninguna comparación con nadie, solo su sorpresa de no estar en la lista, porque no ha aprobado una entrevista y ni siquiera sabía su nota. En el examen escrito aparece tu resultado aunque suspendas, en la entrevista no, y me imagino que es eso lo que más molesta porque no sabes ni el motivo ni si tienes un 0,1,2,3,4…
    Aquí podemos pasar al punto 2. Los méritos propios… según cuenta Isabel, con 0,25 puntos hubiera aprobado la entrevista (no estamos hablando de sacar un 10, sino un aprobado raspado) pero ese aprobado raspado, según su puntuación le hubiera (viendo la puntuación final de los resultados y viendo su nota de examen y méritos) quizá garantizado una plaza. Qué son 0,25 puntos en una entrevista? cómo se mide eso? qué diferencias hay entre un 4,75, un 5, un 5,25? vale 0,25 puntos decir que se prefiere Rio porque te sientes más identificada con la cultura? o es eso señal de suspenso? qué hay que decir o no decir para no suspender una entrevista?
    En fin, pasamos al punto 1, el más delicado… una acción judicial tampoco sirve ni garantiza nada y en el caso de Isabel no le ayudaría en nada. Para empezar debería haber sido una entrevista grabada para poder a partir de ahí justificar tanto el aprobado como el suspenso. Los méritos o el examen son más (si se puede ver así) más objetivos, pero la entrevista?

    Bueno, solo darte ánimos a ti y a todos los que os habéis quedado ahí. Y darle la enhorabuena a todos los que han conseguido la plaza, yo conozco a algunos y han sido por méritos propios. Lamentablemente no hay mejores ni peores entre los compañeros y todos tienen los méritos suficientes para ser unos buenos profesionales.
    *Respondiendo a Eva… A mí personalmente una vez me dijeron que me enchufarían (en una entrevista como la de Isabel), yo dije que no porque no creo en eso y prefería ir por mis méritos propios. Al final no conseguí el puesto🙂 . De todos modos volvería a decir no.

    • Gracias, No es de cobardes, por los ánimos, por pasarte por aquí y comentar.
      Supongo que mi crónica era muy larga y cacofonía ha hecho una lectura demasiado superficial, porque no le ha pillado el punto a lo que escribí. Ya le has contestado tú.
      No entiendo por qué la gente se pone tan a la defensiva con estos asuntos. Esta entrada lleva unas 500 visitas en dos días (todo un honor para este blog) y se agradece que, además de mirar, los que pasan dejen su opinión, aunque sea para criticar.

  6. Los procesos públicos no son una lotería. Si hay alguna objecciòn, se puede presentar en el plazo de reclamaciones. Y si este recurso no le parece suficiente a una persona y cree que existe algo punible, debe presentar una acción judicial.
    En este caso, la queja es cobarde triplemente. Una vez cobarde porque si se piensa que realmente existe algo punible, no llevarlo a la justicia lo alienta y perpetúa; dos veces cobarde porque si no hay nada punible,la rabieta sin pruebas descalifica a quien sí que ha obtenido su plaza por méritos propios; y tres veces cobarde porque la rabieta se genera sólo porque uno, desde su egocentrismo, asume que “la plaza era suya”, y en lugar de asumir que el mundo va más allá de la punta de su nariz, comparte con el resto su interesada indignación.

  7. A Cacofonía, con mi crónica no tenía la intención de acusar a nadie ni de hacerme la víctima de nada, simplemente es el relato del proceso visto a través de mis ojos. No hay pretensión de recibir palmaditas en la espalda ni de hacer pública una rabieta, sino de hablar sobre ello, por si alguien quiere saber cómo se desarrollan las pruebas. Y porque no he encontrado en la red a nadie que cuente cómo son desde su propia experiencia.
    Si hay algo que criticar al proceso es, como señala Alicia, ese porcentaje exagerado de una entrevista en la que los criterios de evaluación, que sí se especifican y aclaran minuciosamente en el resto de las fases del proceso, no se hacen públicos.
    Todo proceso de selección, lo he dicho antes, es una lotería. Sobre la adjudicación de plazas de lectores también se podría hablar mucho. Pero en el caso de los lectorados, la entrevista la hacen muchas menos personas (que yo sepa a veces no se hace ni entrevista) y si se mete la mano por alguna parte es desde las mismas universidades/embajadas que reciben a los lectores, que a veces tienen sus propios criterios o prioridades, y, a veces, tienen localizada a gente específica que ha pedido las plazas. Pero, en general, es algo más “objetivo”, si entendemos por “objetivo” el cómputo de méritos (y como la titulitis es un mal muy extendido, los currículum al peso, hinchados y maquillados tampoco son buenos instrumentos para medir a los mejores).
    Eva, no estés triste ni desesperanzada, todos hemos pasado por procesos de selección en los que no nos han cogido pero no pasa ná. Yo conozco gente que consiguió plaza del I.C por sus medios, no es imposible; es, y quiero seguir pensando así, lo normal y lo que debería ser.

  8. Si habías quedado la 6ª, en todo lo demás, no se entiende el 4’75 en la entrevista personal ¡con décimas y todo!!! Te podría contar cómo funciona, por Aragón, la Educación de Adultos, la selección en los Ayuntamientos, ¡una verguenza!!, lo malo es que no me consuela saber que todo funciona así de mal, que todo se reduce al enchufe, al conocido, al amiguismo y supongo que a ti, tampoco… La pregunta es ¿te parecería bien si la beneficiada de ese amiguismo fueras tú? Si la respuesta es que te aprovecharías, me parece que tenemos pocas razones para tener esperanza en que algún día las cosas puedan cambiar… Hoy me siento muy triste, muy desesperanzada…

  9. “…La víctima no es el inocente aplastado por fuerzas injustas sino alguien que explota su derrota a priori para chantajear emocionalmente al mundo que le rodea y extraer así de él lo que no ha sabido conquistar de otro modo. A día de hoy el prestigio de la víctima es tal en todos los ámbitos que unos chantajes se sobreponen fanáticamente a otros, anulándose todos entre sí” I. Gacia May.

  10. estoy de acuerdo con abrir este debate si hacemos lo mismo con otros procesos, por ejemplo, la adjudicaciòn de los lectorados aecid. qué os parece?

  11. Jo, qué pena. Yo solo he enviado los papeles una vez y este año ni lo intenté, de lo cansada que estaba del año “escolar”. No me parece justo lo que dices, tanta opacidad y secretismo, porque con razón o sin ella, lo que los demás entendemos de estas cosas es que finalmente termina trabajando el que conoce a gente dentro. No sabía que la entrevista es un 40%, me parece un porcentaje desproporcionado.

  12. Personalmente, creo que lo más fácil es intentar hacer contactos dentro del IC. Mucho más ütil que preparar bien la entrevista, molestarse en tener un buen cv, etc. etc

    • Pero no debería ser así, ¿no? Se supone que con un buen currículum y un buen examen el camino ya está más allanado, aunque todo proceso de selección sea lotería… Un saludo.

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