Las palabras que faltan

Últimamente he estado leyendo algunos textos sobre el enfoque del léxico en el aprendizaje de lenguas extranjeras y además me ha tocado ocuparme de la traducción al español/revisión de un par de textos para el aprendizaje de albanés. Así que ando dándoles vueltas a estas cuestiones.

De los textos que me han encargado, uno es un manual de esos de “aprenda X sin esfuerzo” y el otro forma parte de una guía de conversación multilingüe.

El manual original que ma ha tocado traducir al español es infumable. Abre con unas páginas de información sobre la lengua (origen, fonética, morfosintaxis) con explicaciones tan irrelevantes como “Las oraciones interrogativas sirven para hacer preguntas” y tan confusas que dudo que quien se moleste en leerlo pudiera entender algo. El resto está montado a partir de pequeños diálogos, estereotipados y artificiales, y de temas tipo “en el restaurante” o “el tiempo libre” y de ejercicios de huecos y de transformación. Cuando le comenté a quien me hizo el encargo que en el manual “se había quedado anticuado”  (por ser educada y no decir que era una mierda) me dijo: Sí, tienes razón, pero es lo que tenemos… Y cuando seguí explicándole que, por ejemplo, no tenía sentido hacer una lección con el título de “en la estación de tren” y diálogos sobre horarios de trenes, andenes, revisores… porque en Albania nadie, pero nadie, viaja en los abandonados trenes postcomunistas me contestó: “Bueno, ya, pero aunque nadie viaje en tren, sí que existe”.  He hecho lo que he podido.

El otro encargo era corregir la parte albanés/español y español/albanés de lo que supongo será una guía de conversación multilingüe (ahora que por fin los albaneses pueden irse de turismo por la UE). Después de echar un ojo a las primeras páginas me di cuenta de que era una traducción cutroncísima del inglés, porque ningún albanés ni español tendría nunca la necesidad de pedir en un bar de Albacete o de Elbasan “peshk me patate”, o sea pescado con patatas, pero sí pedirían “fish and chips” en Stratford-upon-avon. Y porque lo del “boleto/billete redondo” sonaba sospechosamente a “round trip”. La selección de vocabulario y expresiones es tan pobre que, por ejemplo, ningún turista español encontraría en la sección de “restaurante” de su guía cosas tan típicas como el raki (aguardiente) ni los qoftes (especie de filetes rusos alargados  y a la parrilla) o el byrek (un tipo de hojaldre con relleno salado) o al intentar presentarse y repetir la frase del librito recibiría como respuesta caras de “¿pero qué dice este guiri?” porque en vez de decir “quhem filan” (“me llamo fulanito”) diría algo como “mi nombre es…”, que es la traducció literal de “My name is…”, construcción posible en albanés (y en español) pero inusual.

Mis sugerecias esta vez también han caído en saco roto: “Limítate a corregir la ortografía y las palabras masl traducidas, pero no añadas ni quites nada”. Por lo menos he negociado que me paguen un poco- muy poco- más.

Qué cutrez.

Por otra parte, con mis chicas de A1 estuvimos haciendo el otro día repaso de lo que hemos visto con un ejercicio muy práctico: rellenar el perfil de facebook de un personaje que nos estuvimos inventado. Ahí sale todo lo que se debe saber en A1: datos personales, descripción física, uso del presente… Les encantó hablar de facebook en clase (lástima de conexión a internet, que no tenemos, así que lo hicimos en papel) y fue una actividad útil de verdad.

¿ No se trataba de que el alumno (sus necesidades e intereses) fuese el centro del proceso de enseñanza y de que las actividades reprodujeran situaciones de comunicación reales? Este tipo de ejercicios debería estar en los manuales, en las primeras lecciones, y también palabras como “nombre de usuario”, “abrir cuenta”,  “contraseña”…  Otra vez, hablando de lo que llevan en el bolso, mis chicas sacaron otras palabras que no están en los manuales: compresas, pañuelos de papel… Sin embargo en la página 5 del manual que usamos (y que en general no está demasiado mal) salen las palabras tiza (en mi aula la pizarra es de rotulador, pero esta palabra no venía), sacapuntas , regla…

Para terminar, una sugerencia para autores de manuales: En la lección de las conversaciones telefónicas, cambien los diálogos. El de ahora es, mayoritariamente a través del móvil y empieza así: A: ¡Hey, hola! / B: Hola, ¿dónde estás?… Ya no hay Diga ni quién es. Y expliquen como se dice llamada perdida, mensaje, “hazme un cuelguing”…

8 pensamientos en “Las palabras que faltan

  1. Pingback: Las palabras que faltan II | Mundos Perifericos

  2. Yo estoy esperando que salgan las pizarras digitales de tiza. No te recomiendo que hagas nada con Moodle. Lo bueno que tiene es que marcando al tuntún apruebas siempre, pero al fin y al cabo es una pérdida de tiempo.

    Esta es la cara B del single: “La carta” (fechada en 1959), donde se descubre que la madre tiene un montón de hijos, entre ellos uno que quiere ser torero, y que debuta en Vistalegre. Lo del sello reciclable es como aprovechar las sobras de la cena para hacer croquetas (a mí me lo recuerda al menos): http://www.youtube.com/watch?v=ri1ZsPL2Yoc

  3. Me ha encantado “Marcelino”. Qué bonito: “¿Y no hay una escalera corriente?”. Con la ilusión que les hace a los niños subirse a la escaleras mecánicas… “Huy, qué mareo, esto es la montaña rusa”…
    A ver si encuentro un poco de tiempo y hago unos dibujitos animados para acompañar al audio! Así se convertirá en un material audiovisual que poder proyectar sobre pizarra digital! jejejeje…
    Quiero hacer un curso de formación de profesores de español viejuno en moodle!

  4. Eso está muy bien para dar “cursos retro”, que es una cosa que me gustaría hacer, dar clases de español como en los 60 etc. Para una clase vintage-sixties usaría los singles de a href=”http://youtu.be/xeg9lvnpkPw” title=””>Marcelino (1965), que poco a poco voy encontrando en los mercadillos de Estocolmo. Con un vestuario adecuado, una banda sonora con canciones de Alicia Granados, Filipinki, cosas de Godard, el “Prof d´anglais” de Chantal Kelly, “Marcelino” como libro de texto, etc. quedaría una clase muy chula.

  5. Bueno, en todas partes cuecen habas…

    En Grecia, hace unos años di un curso en el Ministerio de Exteriores y teníamos que utilizar el método “Linguaphone”. También había un capítulo dedicado a los viajes en tren y la familia protagonista buscaba un mozo de estación que les llevase las maletas llamándolo así: Mozo!!!

    ¿Sigue habiéndolos? ¿Se les llama así? Ni idea!!!

    Un cordial saludo.

  6. Pingback: A1.1 | Crear un perfil en Facebook : Actividades 2.0

  7. No le pidas peras al olmo. Bastante tiene Albania con sobrevivir. Aunque no te creas que en Suecia es muy diferente la enseñanza a extranjeros. En Escandinavia se han quedado en “Esto funciona 1”, y siguen matasellando cartas en vez de mandando emailes, por poner un ejemplo cutrecillo (lo reconzco, pero es que no se me ocurre otro, y me tengo que ir a clase)

    Muy buena la actividad con Facebook. A mí las chicas no me sacan esas cosas en clase, les dará corte. Y mira que les insisto, y que traen a clase unos bolsos que parecen alforjas. Bueno, eso las suecas, que las holandesas son bastante “desenfadadas”, y suelen llevar la toalete en la bolsa del supermercado.

    Yo soy ya un veterano. Llevo décadas negándome a tratar temas como el horario, las instrucciones callejeras, las conversaciones telefónicas etc. En definitiva, todo lo”zombie” de los manuales. Para eso están los manuales, para usarlos en plan clínex.

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