En clase de A1

Hacía bastante tiempo que no daba clase a “debutantes”. Inicial se dice en albanés “fillestar” y siempre me ha hecho mucha gracia eso de “star”: como la “barbie superstar”, pues el nivel “superstar”. Desvaríos aparte, he aquí la crónica de las impresiones de las dos primeras semanas de curso:

Tengo cuatro alumnas, todas veinteañeras, universitarias y políglotas. Estudian español porque les gusta y porque tienen amigos hispanohablantes (creo que la palabra “amigo”, en estos tiempos de facebook que corren, debería revisarse). En clase me hablan- y se hablan entre ellas- bastante en albanés. Yo les hablo en español todo el tiempo, pero no se me ocurre prohibirles hablar en su lengua, como he escuchado por ahí alguna vez a algún profesor.

Una de ellas estaba preocupada. “¿Cómo vamos a entenderte todo el tiempo en español, si no sabemos?”. Lo primero, pues, hacerles conscientes de lo que ya saben. Y saben mucho porque ven telenovelas, escuchan música en español, saben italiano y francés… Eso ya es saber un montón para empezar. Así que la clásica lección del abedecedario y tal la hacemos a partir de nombres propios en español que conozcan: comidas, bebidas, lugares, políticos, escritores, actores,cantantes, futbolistas. Y así salen el tequila, la cerveza, la tortilla y la paella; Barcelona y Valencia; el Ché Guevara, Fidel Castro y Zapatero; Isabel Allende, García Márquez y Cervantes; Javier Bardem y Penélope Cruz y Julio Iglesias y Enrique Iglesias…

En cuanto les pongo las típicas frases para la clase: ¿Qué significa? ¿Cómo se dice? ¿Cómo se escribe? empiezan a bombardearme a preguntas. Tengo que echar el freno muchas veces, aunque otras muchas reconduzco sus “inquietudes” hacia donde me interesa a mí, pues tampoco es plan de que la clase se convierta en un chorreo de vocabulario inconexo.

Para guiar sus ganas de saber palabras, les pedí que en casa se preparasen como deberes “¿qué hay en tu bolso?”, y que usaran un diccionario para las cosas de las que no sabían el nombre. Y en la clase siguiente salieron algunas palabras que no salen en las primeras lecciones y otras que ni aparecen en los manuales, pero que son las palabras de su mundo: chicle, maquillaje, pintalabios, barra de cacao (protector labial) – las albanesas son muy coquetas y sus bolsos son un pequeño arsenal de perfumería- móvil, pañuelos, “pincho” usb, monedero, compresas… Y además practicaron los números, y la selección de los artículos apropiados (el albanés  se declina, con lo que, de alguna manera, su “artículo” va pospuesto e integrado en el sustantivo, así que tienen que aprender a usar correctamente el artículo determinado/indeterminado). Si llego a conocer esto antes, o esto otro, me había montado una actividad estupenda y les habría encantado! (igual para la semana que viene).

Van deprisa, muy deprisa, mis chicas y quieren ir más deprisa. Recuerdo una vez que un albanés me preguntó que en cuanto tiempo podría aprender español. “Pues…, depende de muchas cosas: del tiempo que le dediques, del interés que le eches…”. La verdad es que no sabía muy bien qué decirle. O eso debía pensar él. “¿En un mes?”, me dijo. “No hombre… un mes es poco”. “¿Poco?”. El tipo estaba indignado. Un mes, para él, que ya habla inglés, griego, italiano y polaco, tenía que ser suficiente.

En la clase de ayer, la tercera que damos, mis alumnas, con lo que traen de serie, rudimentos de la pronunciación y nociones básicas sobre la formación del masculino/femenino y singular/plural, con los modelos de las tres conjugaciones y los verbos ser, estar, tener, ir y saber, fueron capaces de leer un texto, entenderlo, hacerme preguntas y comprender cosas sobre la organización administrativa de España (en el aula hay un mapa enorme con sus comunidades autónomas de colorines), sobre las lenguas- “¿el catalán es un dialecto del español?”, me preguntaban con curiosidad- sobre “¿qué pasa en el País Vasco?”… Y me sabían contestar a mí, cuando les devolvía las preguntas: “¿Y cuántas lenguas se hablan en Albania?, ¿Cuál es el lugar más bonito?”.

Ayer al acabar les dije: “¿Veis la de cosas que sabéis hacer con sólo dos semanas de clase?”. Creo que si se presentaran, después de las 6 horas de clase, al DELE de A1 lo sacaban sin dificultad.

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