Monsieur Rivette. Extrañas conexiones.

Monsieur Rivette es el personaje de una historia que llevo escribiendo desde hace mil años y que no sé si alguna vez terminaré. Así sale por primera vez en el “mecanoscrito” (porque no suelo escribir a mano):

Cada película es…, es, cómo decirlo, un complot, confesaba tímidamente Paul Rivette en un extraño documental-paseo-conversación grabado para el nosecuantos aniversario de Cahiers du Cinema que vimos un día por casualidad en la tele.

Más adelante cuento el argumento de algunas de sus películas:

Cada rodaje era una tortura para todos los que le rodeaban, los actores recibían sus frases minutos antes de empezar a rodar y siempre eran frases como sacadas de un libro de aprenda español o chino o polaco usted mismo. Así que no sabían en qué tono decirlas o a quién.
Julie Martel lo contaba en sus memorias: Mi parte de guión- mutilado- en Party night no tenía ningún tipo de anotación explicativa. Es más, en la película no había ninguna fiesta ni party ni nada. Yo soltaba una especie de monólogo sobre la fiesta que iba a dar, y explicaba minuciosamente cómo llegar: Tuerza en la primera a la derecha, siga recto, coja la segunda a la izquierda, continúe recto, luego a la derecha, otra vez a la derecha, y allí cruce la avenida, entre en el cine, salga del cine y enseguida verá mi apartamento… algo así. Pero ¿a quién se lo explicaba? ¿a quién estaba invitando? ¿quién iba a poder llegar a la casa con esas absurdas explicaciones? Por eso la fiesta nunca tenía lugar. Yo, muy profesional- estaba trabajando con un maestro, qué gran honor -no repliqué, no me atreví a decirle que aquello no tenía sentido. Solté mi texto mirando a la cámara, como si cantara de carrerilla la tabla del tres en el colegio. Monsieur Rivette me miró arqueando la ceja. “Repetimos, señorita Martel, está usted diciendo estupideces pero no tiene que parecer estúpida mientras las dice”
(…)
En esa película Julie Martel acababa siendo violada por todos los gendarmes y los CSR de París mientras los invitados a la party recorrían las calles como zombies ciegos, chocándose unos con otros, cayendo en las alcantarillas o al Sena hasta que la ciudad quedaba vacía. La crítica dijo: espectacular y prodigiosa metáfora de la sociedad actual, de la deshumanización de las relaciones personales, en las que el lenguaje ha perdido su capacidad de comunicar… bla, bla, bla, con una espléndida fotografía y magistral plano secuencia de los Campos Elíseos invadidos por fantasmas ciegos.

conex

Y resulta que de la nada me llueve que efectivamente hay un Monsieur Rivette verdadero, que no se llama Paul, como el mío, sino Jacques, y que era un director de la nouvelle vague que hacía películas de 13 horas (y enseguida me ppongo también a buscar críticas de sus películas); y me entero también de que hay otro Moniseur Rivette de ficción, en el Monsieur Pain de Roberto Bolaño, que aun no he leído pero me acabo de descagar.

Esto de la creación, la mímesis, las teorías de la literatura y demás vainas me está afectando seriamente.

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