Instrucciones para llorar letras

Me he pasado dos días en mi antigua habitación, en casa de mis padres, ordenando, tirando y encontrando cosas. Entre los apuntes del instituto y de la facultad, que han ido a parar a la basura, me topé con dibujos y cuentecillos que debí escribir entre los 14 y los 21 (cuando empecé a pulular por esos mundos). Este no sé de cuándo es, pero estaba en unas hojas un poco amarilleantes ya, y aunque se le note bastante el influjo cortazariano, creo que no está mal y me ha dado por rescatarlo y colgarlo aquí:

Es casi imprescindible saber llorar normal antes de aprender a llorar letras. llorar normal lágrimas de agua y sal es una cosa que en teoría todo el mundo sabe hacer. La gente llora porque ha perdido algo, porque no tiene lo otro, porque quiere cosas… Esta es la forma de llorar más descafeinada, se llora pero casi de mentiras, a veces hasta se hace sólo ruido y no caen lágrimas, y el ruido, los quejidos y sollozos son más tímidos o más exagerados según sea la cosa que queramos. Cosas. Llorar por cosas es traicionar el arte de llorar.
Cuando se llora por otra gente o por uno mismo, o por una idea, uno se acerca al ejercicio puro de llorar porque sí. Pero llorar porque sí no significa llorar por Nada o llorar por Todo. Por Nada no se derramaría ni una gota y por Todo nunca se terminaría de llorar, y no se trata de eso. Además no se puede improvisar. Uno tiene que sentir de repente pero poco a poco a la vez un nudo en el estómago, como si se tuviera dentro algo que quiere salir y no encuentra el camino. Ese algo son las ganas de llorar, que nacen al mismo tiempo en las tripas, el pecho y la cabeza ys e juntan y no saben por dónde se sale. Para que sea un llanto verdadero esta sensación tiene que durar un rato, hay que sentir las ganas revolviéndose dentro, arañando, buscando la puerta de las lágrimas, los ojos. Cuando las ganas encuentran el camino de los ojos sientes una especie de vértigo ligero, dejas de ver claro, tus ojos se llenan de nubes y llueve por ellos, despacio, tranquilamente. Asoma una gota por la esquina del ojo y se escurre hacia abajo, y ya está.
Ahora es cuando empieza lo difícil, lo de llorar letras. Hay que concentrarse mucho y dibujar letras con las lágrimas que salen, vamos, que hay que conseguir que las lágrimas tengan forma de letra. Al principio no es necesario que las letras que resulten formen palabras. Con un poco de práctica se deja uno de concentrar en letras para pensar en palabras y, con un poco más de ejercicio, de las palabras se pasa a las frases.
Hay que poner especial atención para no desperdiciar las lágrimas-letras, así que lo ideal es ir metiéndolas a medida que salen en frasquitos de cristal, con cuidado de no mezclar unas palabras con otras. Si las lágrimas-letras caen en otra parte, por ejemplo sobre la mesa, por unos segundos podrán leerse pero al poco se secan y ya no se leen más. Por eso es importante conservarlas en tarros, si es que se ha llorado con argumento. Cuanto mejor sea ese argumento por más tiempo se mantendrán legibles las lágrimas-letras.
De todos modos, nunca intentes llorar, ni letras ni lágrimas, por propia voluntad. Tenemos dentro un depósito de lágrimas que va llenándose a la vez que pasan los días: algunos días sólo caen gotas diminutas, otros días el caudal aumenta hasta el doble. Sólo cuando el depósito está lleno, o cuando se presiente que no van a caber más lágrimas almacenadas, se abren las compuertas y se llora. Por eso a veces, cuando hace mucho tiempo que no lloramos, porque no hemos tenido motivos, o porque no hemos querido llorar, sin saber muy bien por qué, un buen día nos encontramos llorando desconsoladamente, como nunca hasta entonces habíamos hecho. Y nos preguntan si estamos tristes, o nos dicen que no es para tanto, intentan consolarnos y no saben de qué, y nosotros lloramos sin remedio hasta que el depósito se vacía y ya está listo otra vez para ir recogiendo las gotas del dolor grande o pequeño de cada día.
Esas lagrimillas que brotan a veces cuando bostezamos indican que el depósito está rebosando. Aprovechar esos momentos para practicar es muy recomendable. No es bueno estar mucho tiempo sin llorar, de tristeza, de dolor, de rabia o de alegría, así que controlar el nivel del depósito de lágrimas es necesario para prevenir riadas e inundaciones de consecuencias imprevisibles.
Una vez que hayas llorado, ríe.

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