Taller de intercomprensión I

Después de sortear varios obstáculos administrativos y coyunturales (permisos, fechas, espacios…) hoy hemos hecho la primera sesión de un taller que se viene gestando desde hace ya unos meses (en este wiki).

Una treintena de niños, de 6º de primaria y del Aula de Enlace de un cole madrileño, sentados en el suelo de la biblioteca. Hace calor. Es final de curso, queda apenas una semana de clase y se nota- desde el patio llega la música de los ensayos para la fiesta del útlimo día-. Cualquier cosa que no sea dar clase normal les apetece y me miran con curiosidad, porque ya el lunes les conté un poco el “experimento” en el que iban a participar.

Los objetivos del taller son varios: ser conscientes de la variedad de lenguas que nos rodean y de la aventura que supone comunicarse en una lengua nueva. Y jugar juntos y reirnos y hacer todos un poco el ridículo, hasta sus profes de cada día, y aprender algunas cosas.
Se han ido sentando en el suelo en dos grupos bien separados, la clase de 6 y los chicos del Aula de enlace, y se miraban cpero hemos montado cuatro grupos al azar y en seguida De entrada les he dicho: que levante la mano el que hable por lo menos una lengua. Se miraban los unos a los otros pensando ¿qué clase de pregunta es esa? ¿tengo que levantar la mano? Han tardado en reaccionar y por fin todos han levantado la mano. Y ¿dos lenguas? Pero que no sea el inglés que aprendéis en el cole. Y entonces han asomado con timidez el alemán de una niña española que sólo lleva dos años en Madrid, el guaraní de otra, que ha explicado que se habla en Paraguay y que es lengua co-oficial con el castellano, el cebuano de la familia filipina de otra niña, y el búlgaro, el chino, el rumano, el árabe, el francés…

¿Cuántas lenguas se hablan en España? Sin pensar nada, al segundo y a coro responden: Unaaaa. ¿Ah, sí? Bueno, suelta una chica con cara de lista, y el catalán y el euskera y el gallego. ¿Y nada más? ¿Y las lenguas de vuestros compañeros no se hablan? Caras de asombro y murmullos de “anda, claro”.

Lo mejor ha sido que en un juego muy tonto que hemos hecho, tipo concurso de la tele, había una pregunta ¿Cuántas lenguas se hablan en Madrid? Y esta vez todos han atinado. Les he preguntado si habrían acertado al principio de la sesión y otro coro ha respondido: Noooo.

Hoy nos hemos dedicado a la comunicación oral. ¿Es posible comprender algo, una conversación, un monólogo… en una lengua que no se conoce?

Sale R a hacer la prueba. Es brasileña, lista y pizpireta y le encanta ser la “conejilla de indias”. Habla a toda velocidad, sin pausas, sin gesticular, sin entonar sobre sí misma durante un minuto. Los chavales la miran con la boca abierta.

¿Habéis entendido algo? Claro, alguna palabra portuguesa se cuela por sus oídos (irmaos, vivir…). Pero ¿es normal hablar así, como una máquina? ¿No? ¿Qué es lo raro? Miles de manos levantadas: la velocidad, y las manos a la espalda, y el tono… Vale. Vamos a ver de otra manera. Y R vuelve a presentarse, ya en un tono normal, moviendo las manos, sonriendo cuando dice “Brasil” y “minha mae” y “feliz”. Ahora sí, ahora se entiende todo, ¿no? ¿Por qué? Ah, es una lengua románica, como el español y como el rumano. ¿Pensáis que podemos entender a dos rumanos hablando? Vamos a probar. Y salen M. y E. y representan una escena de dos amigos que se encuentran en la calle… Los chicos se sorprenden porque lo han entendido perfectamente y también han pillado alguna palabra (mama, casa…).

Todos quieren hablar a la vez, hay que parar y volver a explicar las instrucciones de los juegos, levantar la voz, pedir atención y un poco de silencio (como en una clase normal) y las profes, que están presentes y hasta han representado algún papelito en una “escena mimada”, me miran a ratos con desesperación cuando se “desmadran” y arman mucho jaleo- normal porque están preparando la canción de presentación de su Tribu- Taka, Teke, Tiki y Tuku- del siguiente juego.

El reloj va a toda caña, no hay tiempo, mañana tendremos que hacer las negociaciones. Les pregunto antes de irse si les ha gustado, si todavía tienen ganas de venir mañana y el viernes. Otro coro, esta vez polifónico: Sïiiiii, daaaaaaa, jaaaa… Y un montón de despedidas también en miles de lenguas.

Les recuerdo que tienen que averiguar cuántas lenguas se hablan en su colegio.

Mañana más.

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