pragmatica y poesia

De pequeña no podía resistirme a la tentación de buscar relaciones en las frases de ejercicios de los libros de lengua o de inglés. “Busca y señala el adjetivo calificativo en las siguientes frases”
Caía la blanca nieve.
Ponte el jersey grueso que te hizo la abuela.
El coche nuevo de mi padre está en el garaje.
Pasamos días agradables en Francia.
Y ahí me ponía yo a imaginarme al protagonista, a punto de salir a jugar con la blanca nieve, recriminado por su madre que gritaba desde la cocina: “ponte el jersey grueso…” uno de los días de aquel lejano viaje a Francia y en el coche nuevo de papá.
Las había más tremendas… Un día, como juego, escribíamos las frases que seleccionábamos al azar, abriendo un libro de texto de Lengua Española cada vez por una página, y nos salió un poema- verso libre- algo truculento sobre un padre muerto y un hijo que nunca había sentido su cariño en la infancia y miraba por la ventana con indolencia (“Busca en tu diccionario la palabra indolencia y copia su significado”…)

Hay autores de manuales escolares que deberían ir al psicoanalista o estar bien alertas para no dejar escapar contar cosas personales en los ejercicios de análisis sintáctico o de “rellena los huecos con el verbo más adecuado…”, ¿o es que lo hacen a propósito y lo que quieren es lanzarnos señales?
Hoy me ha vuelto a pasar.

En los apuntes de un curso de pragmática leo las siguientes frases, como ejemplos de dictum y modalidad, osease, lo que decimos y cómo lo decimos.
¿podrías traerme un café por favor?
tráeme un café, anda.
si puedes a la vuelta me traes un café, ¿vale?
cuando puedas tráeme un café.
que me traigas un café.
te dije que me trajeras un café.
Y me las imagino dirigidas al acompañante que se rebusca distraído en el bolsillo o mira si tiene un mensaje en el móvil, pronunciadas primero con educación (tal vez no se conocen mucho, igual es una primera cita)…, luego acompañando la petición con un pequeño gesto cariñoso, después pensando que lo va a conseguir, buscando la oportunidad (ahora que se ha levantado…). La siguiente frase es dicha con retintín (ya sé que no me haces ni caso…) La siguiente enfadada (llevo tres horas pidiéndote un café y tú pasando de mí. ¿Y por qué presupongo que es mujer la que demanda el café?) y la última mientras recoge el bolso y se pone al abrigo ante la mirada atónita del otro que acierta a decir al aire: “pero qué te pasa, chica… dónde vas? no te tomas ni un café…?”

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