B-08 japoneando


Ayer nos invitó un amigo a ver un corto que había hecho. En un garito de Lavapies. Antes del suyo vimos uno sobre peluquerías pijas y populares, otro que era un sobre un cuento que se llamaba El vaso de leche y otro que se llamaba Japoneando, sobre las desventuras de una japonesa que llega a madrid buscando un lugar donde bailar flamenco, pero no lo encuentra. El corto de mi amigo era bastante pretencioso y pedantillo, como es él, con referencias culturetas dela peli Arrebato de por medio, en fin. El de la japonesa era una risa, la historia era muy buena.
Después nos fuimos a tomar algo, al Melo’s: cayó una botella de ribeiro y una ración de croquetas, y la media botella que se dejaron los que compartían mesa con nosotros y la media “zapatilla” que tampoco se comieron.
¿Es una guarrería comerse lo que a otros les ha sobrado? No sé, a mí no me lo parece… lo que queda es poco fino, eso sí.
Sigo con unas imágenes del libro de Foer en la cabeza: las páginas se pasan muy deprisa y el hombre que salta de las torres gemelas vuelve a subir; esperanzador, de alguna manera, no?
Hoy es viernes, por fin!

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