La tecnología educativa del futuro pasado

Rebuscando materiales para un curso que estoy preparando he dado con un post donde hacen un repaso por algunas herramientas que, teóricamente, iban a revolucionar la educación del futuro, aparecidas en el recomendable blog Paleofuture.

Every generation has its shiny new technology that’s supposed to change education forever. In the 1920s it was radio books. In the 1930s it was television lectures. Here in the second decade of the 21st century, it seems the Massive Online Open Course (MOOC) is the education tech of tomorrow. (…) We take a look back at 15 technologies that were supposed to radically change the way that people are educated around the world. Some innovations were mostly hype. Others had an undeniably meaningful impact.

Unas eran imaginadas, otras reales: Libros “electrificados” (imaginados por un pintor francés en la primera década del s. XX); cine para “dejar de aprender la historia leyendo sino viendo” o radio-libros (años 20); cursos on line avant la lettre (años 30); clases en discos de vinilo (años 40); la clase personalizada “push-bottom“, donde cada alumno tendría su propio dispositivo electrónico (1958); el  profesor-robot…

Algunas de estas innovaciones eran pura especulación y hasta “postureo”, otras, inventos con un verdadero impacto en la educación. Pero viendo las ilustraciones me llama la atención cómo en esa educacion del futuro imaginado la tecnología domina las aulas. No está muy lejos de lo que veo hoy: las herramientas protagonizando la innoveision en el proceso de enseñanza-aprendizaje, y cursos, cursos de formación para que los profesores, pobrecicos, aprendan a usar esas herramientas…

Sin una (r)evolución metodológica no me parece ningún avance haber pasado de esto:

maxresdefaultA esto:

Provincias de España  1    Mapa Flash interactivo

mapa flash interactivo

Al menos el mapa de la primera imagen lo teníamos que construir nosotros mismos.

Noticias desde #Sarajevo

(Este texto lo empecé a escribí ayer para un periódico español, querían una visión “sobre el terreno” para contraponer a tanta noticia de agencia sobre lo que está pasando en Bosnia estos días. Me dijeron que seguiríamos en contacto si pasaba “algo”. Pero como ya nadie quema nada en las calles de Sarajevo y la protesta se hace pacíficamente no es noticia. Así que, con algunos añadidos, aquí lo suelto y lo iré actualizando a medida que me entere de más cosas)

“Lo de primavera bosnia”… será primavera por las temperaturas. Es un invierno raro este en el que apenas ha nevado.

Me da bastante pena que muchos artículos que leo estén llenos de clichés (Bosnia=guerra) y frases sensacionalistas como “30 años después de la inauguración de JJOO de invierno, en Sarajevo se ven imágenes de violencia como estas…”. Da la sensación de que la inmediatez de la noticia dé autorización a todo el mundo para hablar sin saber. Yo la primera. No tengo ni idea de lo que pasa. Sólo llevo unos meses en la ciudad y no hablo todavía la lengua, de modo que mucho de lo que pueda contar es lo que he visto en la calle, lo que me han contado aquí los amigos y lo que he ido leyendo y viendo por internet y los medios de comunicación.

La cosa empezó en la ciudad de Tuzla y se ha ido extendido por el país debido a la violenta respuesta policial. A las reivindicaciones de los trabajadores de Tuzla se le ha sumado por una parte el descontento de un país donde la gente se siente frustrada e impotente ante el inmovilismo y la falta de responsabilidad de sus gobernantes y por otra, por la terrible situación económica que atraviesa el país.

En Sarajevo ya hubo protestas el jueves y se quemaron incluso algunos contenedores, pero no había mucha gente y sí bastante policía, ni siquiera trascendió a los medios. El viernes hubo manifestaciones de apoyo a los trabajadores de Tuzla en Sarajevo y otras ciudades (Zenica, Mostar y Banja Luka), de modo que la reacción inicial de muchos fue de emoción y hasta alegría al ver que todo el país, sin importar la religión o la pertenencia a uno u otro grupo, empezaba a reaccionar. Algo similar sucedió en junio con la llamada “bebolucjie”, cuando, conmovidos e indignados por el fallecimiento de Berina Hamidovic, una niña de tres meses que no pudo ser tratada a tiempo por la inmovilidad del gobierno, los bosnios salieron a manifestarse y a pedir cuentas a sus políticos.

La manifestación de Sarajevo reunió a  varios centenares de personas en la zona de Skenderija, frente al edificio del gobierno cantonal (no el palacio presidencial, como dicen los medios, ¿qué palacio?). Yo pasé por allí a eso de las 13.30 y había unas doscientas personas y muchos curiosos. Justo frente al edificio, al lado del puente que cruza el Milijacka, hay una parada de tranvíaque estaba llena de gente, era más o menos la hora de salida de las escuelas e institutos de la zona. Estuvimos un rato parados observando entre la multitud hasta que vimos cómo volaban adoquines y se producían algunas cargas policiales y la gente corría. Mi impresión es que había muchos chavales descontrolados en una atmósfera como de salida del estadio después del partido.  Nos fuimos a nuestros quehaceres y al volver a casa notamos el olor a quemado.

foto de mi compañera @VRuizT

Luego supimos que los manifestantes más osados habían hecho frente a una policía poco decidida a intervenir, consiguieron entrar en el edificio y prendieron fuego en el interior. Los bomberos no lo tuvieron fácil para acercarse al lugar porque las calles estaban cortadas, y el humo alarmó a la ciudad. La gente comentaba que ver así Sarajevo les recordaba a escenas vividas en los primeros días de la guerra.

Con la ciudad conmocionada, a la vez que caía la tarde, las calles se iban vaciando. A las 19.30 todo estaba tranquilo, aunque el incendio seguía activo y el humo se seguía viendo y oliendo. En casa, por la tarde, estuvimos pendientes de la tele, de los periódicos en internet y de las redes sociales, y hablando con los amigos de Sarajevo, asegurándonos de que todo el mundo estaba bien y tranquilizando a los familiares y amigos, alarmados por el sensacionalismo de los titulares que empezaban a circular por los medios fuera del país. En las redes sociales muchos lamentaban la deriva violenta de la manifestación.

Por la noche salimos a dar una vuelta y la ciudad estaba desierta, nos tomamos una cerveza en un bar casi vacío y volvimos a casa pensando en qué nos traería la mañana siguiente.  Las imágenes del día después han sido tristes: un coche quemado volcado en el río; quioscos y paradas de tranvía destrozados. Los periódicos hablaban de la calma tras los disturbios, de la condena de la violencia…

Pero empieza a haber consecuencias: En Tuzla ha dimitido el gobierno regional y se han hecho oír las demandas de los manifestantes, y lo mismo sucede en otras ciudades del país. Hasta en Sarajevo ha dimitido el primer ministro del Cantón, Suad Zeljkovic.

Muchos curiosos se han acercado a ver los edificios que ardieron ayer. Ha habido una iniciativa ciudadana para limpiar, recoger y arreglar los destrozos de la víspera.

La Basçarsija, el centro viejo de la ciudad hoy tenía e aspecto de un sábado normal. Me ha dado la sensación de que la gente necesitaba salir de casa y encontrarse para comentar lo sucedido con calma.

Leo en internet que la gente se está reuniendo de nuevo frente a los edificios institucionales de ayer. Piden la dimisión del gobierno y la puesta en libertad de los detenidos del día anterior (muchos, menores de edad). Quieren una protesta pacífica y dicen que harán frente a los “hoolingans” que reventaron ayer la manifestación. A ver en qué queda todo esto.

……..

Hasta ahí llegaba el texto que escribí ayer. Hoy, a las 12 la gente volverá a reunirse pacificamente en las calles de Sarajevo y han anunciado que mañana está prevista una manifestación de apoyo en Belgrado. Ya he leído yo por ahí que lo de la “primavera bosnia” podría convertirse en “primavera balcánica”. En Kosovo los universitarios llevan varios días protestando. Y Bulgaria desde el año pasado no ha parado de salir a la calle…

……..

En las redes sociales hay mucho movimiento, la gente manda sus mensajes y sus fotos, por ejemplo, a esta página, 50.000 ljudi na ulice za bolje sutra (50000 personas en la calle para un mejor mañana)

Algunos artículos que me han gustado:

Micro-actividades ELE (III): lugares abandonados y parecidos razonables

Las imágenes son siempre un material de partida estupendo para trabajar en el aula de ELE. Y a diario, por distintos cauces, nos llegan imágenes que podemos llevar al aula fácilmente, como estas dos series de fotografías que he visto esta semana en la red:

Viendo estas fotos no he podido evitar pensar que podrían servir para que los estudiantes escribieran distintas historias, por ejemplo lo que hicieron sus habitantes (o los que trabajaban ahí, ya que hay varias fábricas, minas y parques temáticos) el último día, o las hipótesis de por qué estos lugares fueron abandonados.

También a partir de estas fotos M y yo estuvimos pensando el otro día una actividad de expresión oral para A1, para cuando se trabaja el vocabulario de la descripción física y las partes del cuerpo, las estructuras comparativas… “¿Se parecen o no se parecen?” Si el profesor aprovecha y lleva unas fotos de él y sus hermanos (si los tiene), mejor.

Por esos cielos balcánicos

21 de diciembre.  Tres españolas (una de ellas con un gato llamado UFO, rescatado de la calle y con su flamante documentación en regla) vuelan desde tres capitales balcánicas, Sarajevo, Pristina y Tirana, camino de casa para pasar las vacaciones de diciembre. Las tres van a coincidir en un aeropuerto. No lo habían planeado y se han alegrado mucho de saber que volarían juntas en el último tramo. “Será como estar más cerca de casa”.

Las comunicaciones por aire entre España y los Balcanes nunca han sido muy buenas. No hay apenas vuelos directos y el mapa de las posibles escalas se dibuja y desdibuja al compás de las modas y temporadas turísticas y los vaivenes económicos que mueven el mundo. Hace unos años el encuentro prenavideño habría sido, sin duda, en algún aeropuerto italiano o alemán, en el que los cooperantes, los profesores de español, los consultores de instituciones internacionales y los diplomáticos se mezclaban con los erasmus cargados de panettones. Hubo una época en la que el aeropuerto más concurrido por los expatriados (asco de palabra!) españoles fue el de Budapest.  La Malev tenía buenos precios y un aeropuerto no demasiado mastodóntico donde se podía fumar, para que la transición entre los Balcanes y la Europa civilizada fuera más suave, y además daban de comer. Nada de “dolci o salatini” alitalienses o de bocadillos de nada como los que daban en KLM (con las que también se viajó mucho hacia el este en una época). Pollo, gulash, arroz con verduras, pan… Pero las aerolíneas húngaras quebraron. Fue una especie de aviso. Algo iba mal en occidente. Las low cost todavía no han terminado de desembarcar en los Balcanes (easyjet tiene algunos vuelos desde Belgrado, Zagreb, Split o Pristina, pero ninguno aterriza en aeropuertos españoles) .

Todavía queda gente que sigue volando por Alemania. Pero los que lo hacen casi siempre viajan en primera y sus billetes los ha reservado la empresa sin mirar el precio. Las conexiones de los hispano-balcánicos que se compran ellos mismos el billete, mirando los céntimos y los kilos de equipaje permitidos, pasan ahora mismo por Estambul.

Me paro a pensar si habrá una lectura geopolítica, o socioeconómica, o lo que sea, en este asunto. En esto de que todo vuelva a pasar por Estambul, el ombligo del mundo, civilizado o no. Y es que Turquía viene pisando fuerte. Y en los Balcanes se nota su presencia en muchos otros aspectos: la televisión, donde las telenovelas turcas están desbancando a las latinoamericanas; las escuelas en las que se puede escoger el turco como segunda lengua extranjera, gracias a hábiles acuerdos entre ministerios; los centros comerciales y los bancos; y los aviones.

Mi avión ha salido tarde de Sarajevo. La eterna niebla sarajevita es la culpable, el efecto valle que envuelve el aeropuerto de Butmir en telarañas lechosas, que lo retrasa todo. Y he perdido mi vuelo. Y no me he podido encontrar con las amigas. Y sigo todavía lejos de casa. También la amiga que venía de Pristina ha tenido problemas con su vuelo y no ha llegado a tiempo a Estambul. A mi alrededor gente de todos los colores y con vestimentas de todas las estaciones del año intenta echar una cabezadita en los rincones que dejan libre las tiendas duty free. Enfrente mi hay un chico roncando despreocupadamente. Lleva una camiseta en la que pone PUNK y sobre él hay un cartel enorme de perfume en el que el cielo es rosa y las nubes de algodón de azúcar.

¿Cuántos españolitos, como una servidora, estarán ahora mismo en otros aeropuertos intentando volver a casa? (donde “casa” significa sobre todo la casa de los padres). Es curioso ver cómo nos vamos reagrupando. Allá donde se habla más a gritos es donde está la puerta de embarque a Madrid, a Barcelona o a Málaga. Los monitores que tengo más cerca anuncian vuelos  a Tashken y otras ciudades que no sabría bien situar en un mapa mudo. Se acerca la hora de embarcar y cada vez hay más gente a mi alrededor y más reconocibles son los acentos y las conversaciones. Y me sorprendo observando, más bien cotilleando,  los reencuentros de otros que no han perdido sus vuelos: “Ay, qué ilusión verte. ¡Cuánto tiempo! ¿Y dónde estás ahora? He salido a las cinco de la mañana de Pakistán…”

Felices vacaciones y felices fiestas.

[Este texto se escribió el día 21 de diciembre, entre avión y avión]

El viaje a Croacia que nunca existió

11417293224_ae6630309d_oEstoy haciendo papeleos para mi estancia en BiH. Tres largos meses de paseos a oficinas diseminadas por las cuatro esquinas de la ciudad; de fotocopias compulsadas; de sellos subiendo y bajando sobre las fotocopias. Lo último fue que la policía, cuando ya pensaba que lo tenía todo- una montaña de documentos con sus firmas y sus compulsas-, me manda “salir y entrar” del país, que me pongan un sello de entrada nuevo en el pasaporte para “cuadrar fechas”.

Me cabreo, me descabreo y decido hacerles caso y coger un tren y viajar a la frontera más cercana, a Croacia. El paisaje es bonito, viajar en tren es un placer y aunque Ploce no sea Dubrovnik ni de lejos hace sol y está a la orilla del mar.

Al salir del país no me ponen ningún sello y al volver la policía de frontera bosnia ni siquiera se molesta en subir al tren. Así que técnicamente no he salido ni entrado en el país. Vete tú a explicar esto por ahí y que te crea alguien…

En clase de bosnio V: el aturullamiento

(Querido diario: hace mucho que no escribo…)

Aturullar: Confundir, desconcertar, pasmar, aturdir, atolondrar… 

Un montón de sinónimos para expresar una de las sensaciones más comunes de mis recientes clases de bosnio. El aturullamiento algunos días ha sido tal que he estado a punto de abandonar (además de por el frío que hace, la pereza que me da, la acumulación de pequeñas cositas, trabajo, etc). Pero ya no queda nada de curso, así que he decidido terminarlo. Empezamos seis, hemos llegado al final 3, y yo por los pelos.

Un ejemplo del aturullamiento del que hablo en clase:

Estamos viendo cómo se declinan los nombres en algunos casos. La profesora nos reparte una hoja con frases para completar con la forma del sustantivo en acusativo (o genitivo o locativo o lo que sea). Sin explicar el vocabulario que sale, sin apenas dejarnos tiempo para leer las frases y pensar, empieza a preguntarnos una frase a cada una. Soy la cuarta, así que me voy directamente a la frase número cuatro, en la que entiendo una palabra de diez. Ya me va a tocar…, no he escuchado casi nada de lo que han dicho mis compañeras, ya me toca… leo la frase, me detengo en el hueco, que más que un hueco es un agujero negro, levanto la vista y pongo cara de poker.

“Šta  znači to?” (¿qué significa esto?) y repito una de las palabras de la frase, la que intuyo que es el verbo, a ver si me da una pista de lo que quiere decir la frase.  La profesora me mira con los ojos muy abiertos. “To nije novo” (eso no es nuevo, eso ya lo hemos visto en clase…). “Hajde, hajde…” (Venga, vamos, rapidito). No tengo ni idea de cómo completar el agujero negro, cada vez más grande, pero la profesora me acojona; no tengo recursos para explicarle  que sí, que puede que esa palabra haya salido una vez en clase pero que no me acuerdo de lo que significa; así que pruebo a poner diferentes terminaciones a la palabra entre paréntesis que debo usar, a ver si cuela: “nož…a? nož…u? nož…i?”. Es peor el remedio que la enfermedad. La profesora vuelve a abrir sus enormes ojos y me pregunta que por qué “nožu” y no “nož” y entonces comienza de nuevo a explicar para qué sirve el acusativo (o el genitivo o lo que sea) y cómo se forma…

Su explicación no me sirve de nada, porque yo ya sé para qué sirve cada caso, lo que pasa es que no entiendo el significado de la frase… Como sólo hay cinco vocales, termino por acertar. Era “nož” sin ninguna vocal final. En la siguiente sale la palabra “pas”. No sé lo que es, pero hago mi hipótesis. Si antes era “nož”, pues esto será igual, sin desinencia. Y digo tan contenta “pas”. Pero la respuesta no es correcta. Es “psa”. Y es que resulta que en bosnio, cuando el OD es algo animado tiene una terminación y si no, se queda como está. Querida profesora mías, para hacer bien el ejercicio necesito saber que “nož” es cuchillo y que “pas” es perro. Y necesito también un poco de contexto, porque una frase como “Moj brat nema …..” (Mi hermano no tiene …) no ayuda mucho.

Ilustración (estupendísima) de Sonia Pulido

 

De vez en cuando vuelvo, ilusa de mí, a preguntar “Šta  znači?”, pero la respuesta es un sinónimo o una retahíla que tampoco entiendo. Mujer, hazme un dibujo, un gesto, o señala algo, o dímelo en otra lengua… Decido dejar de preguntar y hacer el resto del ejercicio mecánicamente, como sospecho que hacen también mis compañeras. A veces cuela, cuando uno identifica la forma (ajá, es masculino singular, luego el acusativo será así/ hmmm, esto parece neutro plural, entonces el genitivo será asá) otras veces no. Me propongo buscar todas esas palabras en el diccionario al llegar a casa. Pero sé que no lo voy a hacer. El aturullamiento me quita las ganas de estudiar o de aprender. 

[Revista Balcanes] Albania sin topicazos

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Los tópicos albaneses, tradicionalmente negativos -mafia, aislamiento, pobreza…-, están siendo sustituidos lentamente por otros de mejor tono: hospitalidad, autenticidad… Ya se ha convertido casi en un cliché eso de que la Lonely Planet de hace un par de años incluyó Albania entre los destinos más guais.

 

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